sábado, 21 de marzo de 2009

EDUCACION BIBLICA: LECCIONES DE GENEROSIDAD,VIDA y AMOR

La siembra enseña una lección de generosidad."El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará".
El Señor dice: "Dichosos vosotros los que sembráis junto a todas las aguas". Sembrar junto a todas las aguas significa dar dondequiera que se necesite nuestra ayuda. Esto no será causa de pobreza.

"El que siembra generosamente, generosamente también segará". Al esparcir la semilla, el sembrador la multiplica. Del mismo modo, al compartir con otros, aumentamos nuestras bendiciones. La promesa de Dios asegura abundancia, para que sigamos dando.

Más aún: al impartir bendiciones en esta vida, la gratitud del que las recibe prepara el corazón para recibir la verdad espiritual y se produce una cosecha para vida eterna.

LA VIDA ES RESULTADO DE SU MUERTE

Mediante la acción de echar el grano en la tierra, el Salvador representa su sacrificio por nosotros. "Que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere -dice él-, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto". Únicamente por medio del sacrificio de Cristo, la Simiente, podía obtenerse fruto para el reino de Dios. De acuerdo con la ley del reino vegetal, la vida es resultado de su muerte.
Lo mismo ocurre con todos los que dan fruto como colaboradores con Cristo; el amor y el interés propios deben perecer; la vida debe ser echada en el surco de la necesidad del mundo.

Pero la ley del sacrificio del yo es la ley de la conservación propia. El agricultor conserva el grano cuando lo arroja a la tierra. Del mismo modo será conservada la vida que se da generosamente para servicio de Dios y del hombre.
La semilla muere para dar origen a nueva vida. Por medio de esto se nos enseña la lección de la resurrección. Dios ha dicho del cuerpo humano depositado en el sepulcro donde se reduce a polvo: "Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder".

Cuando los padres y maestros tratan de enseñar estas lecciones, deberían hacerlo en forma práctica. Preparen los niños el terreno y siembren la semilla. Mientras trabajan así el terreno, el padre o el maestro puede compararlo con el jardín del corazón y la semilla buena o mala echada en él, y explicar que, así como es necesario preparar el jardín para sembrar la semilla natural, es necesario preparar el corazón para sembrar la semilla de la verdad. Al esparcir la semilla en el terreno, pueden enseñar la lección de la muerte de Cristo, y al brotar la hierba, la verdad de la resurrección. A medida que crece la planta, se puede continuar la comparación entre la siembra natural y la espiritual.

De modo semejante se debería enseñar a los jóvenes. Continuamente se pueden aprender lecciones del cultivo del suelo. Nadie se instala en un pedazo de tierra inculta con la esperanza de que dé inmediatamente una cosecha. Se debe hacer una labor diligente perseverante, en la preparación del suelo, la siembra de la semilla y el cultivo de las mieses.

Del mismo modo se debe proceder en la siembra espiritual. Debe cultivarse el jardín del corazón. La tierra debe ser roturada por el arrepentimiento. Deben sacarse de raíz las malas hierbas que ahogan el grano sembrado. Así como se requiere un trabajo diligente para limpiar un campo que se ha llenado de abrojos, sólo se pueden vencer las malas tendencias del corazón por medio de esfuerzos fervientes hechos en el nombre y el poder de Cristo.

Al cultivar la tierra, el trabajador reflexivo descubrirá que se abren ante él tesoros jamás soñados. Nadie puede tener éxito en los trabajos agrícolas o de la huerta si no presta atención a las leyes que entrañan. Es necesario estudiar las necesidades especiales de cada variedad de plantas. Las diversas variedades requieren terreno y cultivo diferentes, y la condición del éxito es la obediencia a las leyes que rigen a cada una.

La atención requerida al trasplantar, para que no se cambien de lugar ni amontonen siquiera las raíces más finas, el cuidado de las plantas tiernas, la poda y el riego; la protección contra la helada de la noche y el sol durante el día, el cuidado que hay que ejercer para mantener alejadas las malas hierbas, las enfermedades y las plagas de insectos, el arreglo de las plantas, no sólo enseñan lecciones importantes en cuanto al desenvolvimiento del carácter, sino que el trabajo mismo es un medio de desarrollo. Al cultivar el cuidado, la paciencia, la atención a los detalles, la obediencia a la ley, se obtiene una educación esencial. El contacto constante con el misterio de la vida y el encanto, de la naturaleza, así como la ternura necesaria para cuidar esos hermosos objetos de la creación de Dios, tienden a vivificar la mente y refinar y elevar el carácter, y las lecciones aprendidas preparan al trabajador para tratar con más éxito con otras mentes.

Otras Ilustraciones

"¿Quién es sabio y guardará estas cosas, y entenderá las misericordias de Jehová?"

EL PODER sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aún antes que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración. Lo mismo ocurre en el reino espiritual.

Antes que el pecado creara la necesidad, Dios había provisto el remedio. Toda alma que cede a la tentación es herida por el adversario, pero dondequiera que haya pecado está el Salvador. Es obra de Cristo "sanar a los quebrantados de corazón. . . pregonar libertad a los cautivos. . . poner en libertad a los oprimidos".
Nosotros debemos cooperar en esta obra. "Si alguno fuere sorprendido en alguna falta. . . restauradle". La palabra aquí traducida por "restaurar" significa juntar, como si se tratara de un hueso dislocado. ¡Qué figura sugestiva! El que incurre en el error o el pecado llega a desarmonizar con todo lo que lo rodea. Puede percatarse de su error, llenarse de remordimiento, pero no puede restablecerse. Se encuentra confuso, perplejo, vencido, impotente. Necesita ser ganado de nuevo, sanado, rehabilitado. "Vosotros que sois espirituales, restauradle".

Solamente el amor que fluye del corazón de Cristo puede sanar. Sólo aquel en quien fluye ese amor, como la savia en el árbol, o la sangre en el cuerpo, puede restaurar al alma herida.

LOS INSTRUMENTOS DEL AMOR

Los instrumentos del amor tienen poder maravilloso, porque son divinos. La respuesta suave que "quita la ira"; el amor que "es sufrido" y "es benigno"; el amor que "cubrirá multitud de pecados"; si aprendiéramos esta lección ¡de qué poder sanador serían dotadas nuestras vidas! La vida sería transformada y la tierra llegaría a ser la misma semejanza y el goce anticipado del cielo.

Estas preciosas lecciones enseñadas de un modo sencillo, pueden ser comprendidas hasta por los niñitos. El corazón del niño es tierno y fácilmente impresionable, y cuando nosotros, que somos mayores, lleguemos a ser "como niños", cuando aprendamos la sencillez, la dulzura y el tierno amor del Salvador, no hallaremos difícil tocar él corazón de los pequeños y enseñarles el misterio sanador del amor.

La perfección existe en todas las obras de Dios, sean pequeñas o importantes. La misma mano que sostiene los mundos en el espacio, da forma a las flores del campo. Examinad bajo el microscopio las flores más pequeñas y comunes que crecen junto al camino, y notad en todas sus partes cuán exquisita es su belleza y perfección. Del mismo modo puede hallarse verdadera excelencia en la más humilde suerte; las tareas más comunes, desempeñadas con fidelidad amante, son hermosas a la vista de Dios. La atención concienzuda que se presta a las cosas pequeñas nos hará colaboradores con él y nos ganará el elogio de Aquel que lo ve y lo sabe todo.

El arco iris que atraviesa los cielos con su arco de luz es una prenda del "pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente". Y el arco iris que rodea el trono de lo alto es también para los hijos de Dios una prenda de su pacto de paz.
Así como el arco en las nubes es el resultado de la unión de la luz del sol y la lluvia, el arco que hay sobre el trono de Dios representa la unión de su misericordia y su justicia. Dios dice al alma pecadora pero arrepentida: Vive: Para ti se "halló redención".

"Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré. Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti".
FUENTE:

LA EDUCACION
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