«El que cree en mí—clamó Jesús con voz fuerte—, cree no solo en mí sino en el que me envió. Y el que me ve a mí, ve al que me envió» (Juan 12: 44, 45).
OTRA DE LAS BENDICIONES QUE CRISTO TRAJO, y que se pueden gozar en esta nueva era inaugurada por su presencia, es la visión de Dios.
El conocimiento inmediato de Dios era imposible para la mentalidad del Antiguo Testamento. También la visión. Era una experiencia reservada para la era venidera, o para el momento de la muerte. De hecho, el concepto de conocer y el de ver están íntimamente relacionados. Desde el punto de vista práctico, solo por medio la vista se puede tener un conocimiento verdadero. Pero Dios no podía ser visto, por la misma razón por la que no podía ser conocido: el pecado separa al hombre de Dios. Cuando Dios se reveló a los seres humanos, lo hizo mediante representaciones, apareciendo en forma humana, como en el caso de Abraham (Gen. 18:1, 2), o representado por su ángel, que también asumía la personalidad humana (Gen. 19).
A pesar de que Dios habló con Moisés cara a cara, lo hizo en medio de la oscuridad de una nube (Éxo. 19: 9). Para la fe judía era una profunda verdad que «a Dios nadie lo ha visto nunca» (Juan 1: 18; 1 Juan 4: 12).
Pero en esta nueva era que Cristo ha inaugurado, la visión de Dios es posible. El Señor dijo: «"Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí. Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto"» (Juan 14: 6, 7). Felipe no entendió bien lo que Jesús quiso decirles, y dijo: «"Señor —dijo Felipe—, muéstranos al Padre y con eso nos basta. "¡Pero, Felipe! ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre"» (vers. 8, 9).Así como Cristo trajo el conocimiento inmediato de Dios, también inauguró la posibilidad de su visión.
FUENTE:
FUENTE:
EL MANTO DE SU JUSTICIA