Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él (Efesios 1:4).
COMO SERES HUMANOS, gozamos muchas bendiciones que Dios, el Creador, ha esparcido en el mundo. Pero como hijos particulares de Dios, gozamos una serie de bendiciones que solo se disfrutan por medio de Cristo, es decir, de nuestra fe en él. ¿Cuáles son?
No nos referimos a las bendiciones materiales que todo el mundo puede tener. Como hijos de Dios en Cristo, Dios nos da muchas bendiciones materiales. Pero estas también las disfrutan otros que no son hijos especiales de Dios. Frecuentemente, hablamos de las bendiciones que nos da, y nos referimos a bendiciones materiales.
Le damos gracias por esas bendiciones, y está bien, porque Dios es generoso y bueno con sus hijos. Le damos gracias por darnos un techo para guarecernos del sol y la lluvia, paredes que nos protegen del viento y el frío, ropa para cubrirnos, el alimento que nos sostiene, el trabajo con el que nos ganamos la vida, la salud que disfrutamos, la vida que nos da y del aire que respiramos. Todas son bendiciones preciosas que Dios nos da.
Pero también las gozan los que no son hijos particulares de Dios, quienes a menudo las tienen en forma más abundante.Pero hay ciertas bendiciones que son de naturaleza espiritual, que pasan frecuentemente desapercibidas para los hijos de Dios y que, sin embargo, solamente ellos pueden gozar. Nadie más puede tener la dicha de gozarlas, porque, como hemos dicho, se derivan de nuestra relación de fe con Cristo. Esta relación trae bendiciones particulares en su estela. Es paradójico que sean las menos reconocidas, y por las que menos agradecen, los hijos de Dios. No porque seamos ingratos o malagradecidos, sino porque las damos por sentadas. ¿Cuáles son? Empezaremos a reflexionar sobre ellas a partir de mañana.
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EL MANTO DE SU JUSTICIA