Les digo que no volveré a comerla hasta que tenga su pleno cumplimiento en el reino de Dios (Lucas 22: 16).
EL REINO DE DIOS ya estaba presente en la persona de Jesús, quien era el rey de Israel y el Mesías prometido. Con su presencia, se hacían realidad las promesas del establecimiento del reino de Dios.
El mismo Cristo y sus discípulos estaban convencidos de esto.Pero, por una parte, el reino de Dios había llegado; y por otra, se aguardaba su venida. En la oración del Padrenuestro, Jesús dijo a sus discípulos que pidieran la venida del reino. Dijo: «Venga tu reino» (Luc. 11:2). Habló de entrar en el reino en términos futuros: «Muchos vendrán del oriente y del occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos» (Mat. 8: 11).¿Cómo puede ser esto?
La única forma de entenderlo es que el reino de Dios tuviera dos manifestaciones: una presente y otra futura. La presente es la inauguración del reino; la futura es su consumación final. Cuando Cristo vino como el Mesías, trajo consigo la manifestación del reino. Pero esto aguarda una consumación final, que en la teología del Nuevo Testamento se reserva para la segunda venida.
Estos dos aspectos del reino de Dios se los puede llamar también reino de la gracia y reino de la gloria. Veamos: «La expresión "reino de Dios", tal cual la emplea la Biblia, significa tanto el reino de la gracia como el de la gloria [...].
El trono de la gracia representa el reino de la gracia; pues la existencia de un trono presupone la existencia de un reino. En muchas de sus parábolas Cristo emplea la expresión "el reino de los cielos", para designar la obra de la gracia divina en los corazones de los hombres».
«Asimismo el trono de la gloria representa el reino de la gloria, y a ese reino se refería el Salvador en las palabras: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria" (Mat. 25: 31, 32). Este reino está aún por venir. Se establecerá en ocasión del segundo advenimiento de Cristo» (Cristo en su santuario, p. 81).
FUENTE:
EL MANTO DE SU JUSTICIA