miércoles 31 de marzo de 2010

HIMNO - IASD: EN EL MONTE CALVARIO

1.-En el monte Calvario estaba una cruz
Emblema de afrenta y dolor
Y yo amo esa cruz do murió mi Jesús
Por salvar al mas vil pecador
CORO:
¡Oh! yo siempre amaré esa cruz
En sus triunfos mi gloria será
Y algún día en vez de una cruz
si, en vez de una cruz
Mi corona Jesús me dará
2.-Y aunque el mundo desprecie la cruz de Jesús
Para mi tiene suma atracción
Pues en ella llevó el Cordero de Dios
De mi alma la condenación
3.-En la cruz de Jesús do su sangre vertió
Hermosura contemplo sin par
Pues en ella triunfante a la muerte venció
Y mi ser puede santificar
4.-Yo seré siempre fiel a la cruz de Jesús
Su oprobio con El llevaré
Y algún día feliz con los santos en luz
Para siempre su gloria veré.
Autor: Jorge Bennard

CEUPS-FIGMMG-UNMSM: CICLO DE CONFERENCIAS - “TECNOLOGÍAS MODERNAS DE PROCESAMIENTO DE MINERALES DE COBRE - 07 DE ABRIL

UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS
FACULTAD DE INGENIERÍA GEOLÓGICA, MINERA, METALÚRGICA Y GEOGRÁFICA
CENTRO DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Y PROYECCIÓN SOCIAL
(CEUPS-FIGMMG)

CICLO DE CONFERENCIAS:

“TECNOLOGÍAS MODERNAS DE PROCESAMIENTO DE MINERALES DE COBRE”

LUGAR : AUDITORIO DE INGENIERÍA METALÚRGICA
DÍA : MIÉRCOLES 07 DE ABRIL HORA: 6 – 8 P.M.

PROGRAMA:
1. TECNOLOGÍA DE CONCENTRACIÓN DE MINERALES DE COBRE.
EXPOSITOR: ING. EDGAR CANTA CRUZ
PANAMERICAN SILVER

2. REACTIVOS DE FLOTACIÓN DE MINERALES POLIMETÁLICOS.
EXPOSITOR: ING. WILFREDO TRUJILLO
EMPRESA CLARIANT PERÚ

3. HORNO DE FUSIÓN CONTINUA DE CONCENTRADOS DE COBRE (TECNOLOGÍA ISASMELT)
EXPOSITOR : ING. RICARDO CANORIO
DOE RUN PERU
INFORMES :
DECANATO DE LA FIGMMG
CEUPS - FIGMMG - UNMSM
TELEF. 619-7000 – 1102

e-mails : dloverad@unmsm.edu.pe
decanogmmg@unmsm.edu.pe
daniel_lovera@hotmail.com

IASD - EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES: GETSEMANI

EN COMPAÑÍA de sus discípulos, el Salvador se encaminó lentamente hacia el huerto de Getsemaní. La luna de Pascua, ancha y llena, resplandecía desde un cielo sin nubes. La ciudad de cabañas para los peregrinos estaba sumida en el silencio. Jesús había estado conversando fervientemente con sus discípulos e instruyéndolos; pero al acercarse a Getsemaní se fue sumiendo en un extraño silencio.
Con frecuencia, había visitado, este lugar para meditar y orar; pero nunca con un corazón tan lleno de tristeza como esta noche de su última agonía. Toda su vida en la tierra, había andado en la presencia de Dios. se hallaba en conflicto con hombres animados por el espíritu de Satanás, pudo decir: "El que me envió, está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que a el le agrada, hago siempre." (Juan 8: 29)
Pero ahora le parecía estar excluido de la luz de la presencia sostenedora de Dios. Ahora se contaba con los transgresores. Debía llevar la culpabilidad de la humanidad caída. Sobre el que no conoció pecado, debía ponerse la iniquidad de todos nosotros. Tan terrible le parece tan grande el peso de la culpabilidad que debellevar, que está tentado a temer que quedará privado para siempre de su Padre. Sintiendo cuán terrible es la ira de Dios contra la transgresión, exclama: "Mi alma está muy triste hasta la muerte."
Al acercarse al huerto, los discípulos notaron el cambio de ánimo en su Maestro. Nunca antes le habían visto tan triste y callado. Mientras avanzaba, esta extraña se iba ahondando; pero no se atrevían a interrogarle acerca de la causa. Su cuerpo se tambaleaba como si estuviese por caer.. Al llegar al huerto, los discípulos buscaron ansiosamente el lugar donde solía retraerse, para que su Maestro pudiese descansar. Cada paso le costaba un penoso esfuerzo.
Dejaba oír gemidos como si le agobiase una terrible carga. Dos veces le sostuvieron sus compañeros, pues sin ellos habría caído al suelo.
Cerca de la entrada del huerto, Jesús dejó a todos sus discípulos, menos tres, rogándoles que orasen por si mismos y por él. Acompañado de Pedro, Santiago y Juan, entró en los lugares más retirados. Estos tres discípulos eran los compañeros más íntimos de Cristo. Habían contemplado su gloria en el monte de la transfiguración; habían visto a Moisés y Elías conversar con él; habían oído la voz del cielo; y ahora en su grande lucha Cristo deseaba su presencia inmediata. Con frecuencia habían pasado la noche con él en este retiro. En esas ocasiones, después de unos momentos de vigilia y oración, se dormían apaciblemente a corta distancia de su Maestro, hasta que los despertaba por la mañana para salir de nuevo a trabajar. Pero ahora deseaba que ellos pasasen la noche con él en oración. Sin embargo, no podía sufrir que aun ellos presenciasen la agonía que iba a soportar.
"Quedaos aquí —dijo,— y velad conmigo." Fue a corta distancia de ellos —no tan lejos que no pudiesen verle y oírle— y cayó postrado en el suelo.
Sentía que el pecado le estaba separando de su Padre.
La sima era tan ancha, negra y profunda que su espíritu se estremecía ante ella. No debía ejercer su poder divino para escapar de esa agonía. Como hombre, debía sufrir las consecuencias del pecado del hombre. Como hombre, debía soportar la ira de Dios contra la transgresión.
Cristo asumía ahora una actitud diferente de la que jamás asumiera antes. Sus sufrimientos pueden describirse mejor en las palabras del profeta: "Levántate, oh espada, sobre el pastor, y sobre el hombre campanero mío, dice Jehová de los ejércitos" (Zacarías 13: 7)
Como substituto y garante del hombre pecaminoso, Cristo estaba sufriendo bajo la justicia divina. Veía lo que significaba la justicia. Hasta entonces había obrado como intercesor por otros; ahora anhelaba tener un intercesor para sí.
Sintiendo quebrantada su unidad con el Padre, temía que su naturaleza humana no pudiese soportar el venidero conflicto con las potestades de las tinieblas. En el desierto de la tentación, había estado en juego el destino de la raza humana.
Cristo había vencido entonces. Ahora el tentador había acudido a la última y terrible lucha, para la cual se había estado preparando durante los tres años del ministerio de Cristo. Para él, todo estaba en juego. Si fracasaba aquí, perdía su esperanza de dominio; los reinos del mundo llegarían a ser finalmente de Cristo; él mismo seria derribado y desechado. Pero si podía vencer a Cristo, la tierra llegaría a ser el reino de Satanás, y la familia humana estaría para siempre en su poder.
Frente a las consecuencias posibles del conflicto, embargaba el alma de Cristo el temor de quedar separada de Dios.
Satanás le decía que si se hacía garante de un mundo pecaminoso, la separación seria eterna. Quedaría identificado con el reino de Satanás, y nunca mas seria uno con Dios.
Y ¿qué se iba a ganar por este sacrificio? ¡Cuán irremisibles parecían la culpabilidad y la ingratitud de los hombres! Satanás presentaba al Redentor la situación en sus rasgos mas duros: El pueblo que pretende estar por encima de todos los demás en ventajas temporales y espirituales te ha rechazado. Está tratando de destruirte a ti, fundamento, centro y sello de las promesas a ellos hechas como pueblo peculiar. Uno de tus propios discípulos, que escuchó tus instrucciones y se ha destacado en las actividades de tu iglesia, te traicionará.
Uno de tus más celosos seguidores te negará. Todos te abandonarán.
Todo el ser de Cristo aborrecía este pensamiento. Que aquellos a quienes se había comprometido a salvar, aquellos a quienes amaba tanto se uniesen a las maquinaciones de Satanás, esto traspasaba su alma. El conflicto era terrible. Se medía por la culpabilidad de su nación, de sus acusadores y su traidor, por la de un mundo que yacía en la iniquidad. Los pecados de los hombres descansaban pesadamente sobre Cristo, y el sentimiento de la ira de Dios contra el pecado abrumaba su vida.
Mirémosle contemplando el precio que ha de pagar por el alma humana. En su agonía, se aferra al suelo frío, como para evitar ser alejado más de Dios. El frío rocío de la noche cae sobre su cuerpo postrado, pero él no le presta atención. De sus labios pálidos, brota el amargo clamor: "Padre mío, si es posible, pase de mi este vaso."
Pero aún entonces añade: "Empero no como yo quiero, sino como tú."
El corazón humano anhela simpatía en el sufrimiento. Este anhelo lo sintió Cristo en las profundidades de su ser. En la suprema agonía de su alma, vino a sus discípulos con un anhelante deseo de oír algunas palabras de consuelo de aquellos a quienes había bendecido y consolado con tanta frecuencia, y escudado en la tristeza y la angustia. El que siempre había tenido palabras de simpatía para ellos, sufría ahora agonía sobrehumana, y anhelaba saber que oraban por él y por sí mismos. ¡Cuán
sombría parecía la malignidad del pecado! Era terrible la tentación de dejar a la familia humana soportar las consecuencias de su propia culpabilidad, mientras él permaneciese inocente delante de Dios. Si tan sólo pudiera saber que sus discípulos comprendían y apreciaban esto, se sentiría fortalecido.
Levantándose con penoso esfuerzo, fue tambaleándose adonde había dejado a sus compañeros. Pero "los halló durmiendo." Si los hubiese hallado orando, habría quedado aliviado. Si ellos hubiesen estado buscando refugio en Dios para que los agentes satánicos no pudiesen prevalecer sobre ellos, habría quedado consolado por su firme fe. Pero no habían escuchado la amonestación repetida: "Velad y orad." Al principio, los había afligido mucho el ver a su Maestro, generalmente tan sereno y digno, luchar con una tristeza incomprensible. Habían orado al oír los fuertes clamores del que sufría. No se proponían abandonar a su Señor, pero parecían paralizados por un estupor que podrían haber sacudido sí hubiesen continuado suplicando a Dios. No comprendían la necesidad de velar y orar fervientemente para resistir la tentación.
Precisamente antes de dirigir sus pasos al huerto, Jesús había dicho a los discípulos: "Todos seréis escandalizados en mí esta noche." Ellos le habían asegurado enérgicamente que irían con El a la cárcel y a la muerte. Y el pobre Pedro, en su suficiencia propia, había añadido: "Aunque todos sean escandalizados, mas no yo." (Marcos 14: 27, 29) Pero los discípulos confiaban en sí mismos. No miraron al poderoso Auxiliador como Cristo les había aconsejado que lo hiciesen. Así que cuando más necesitaba el Salvador su simpatía y oraciones, los halló dormidos, Pedro mismo estaba durmiendo.
Y Juan, el amante discípulo que se había reclinado sobre el pecho de Jesús, dormía. Ciertamente, el amor de Juan por su Maestro debiera haberlo mantenido despierto.
Sus fervientes oraciones debieran haberse mezclado con las de su amado Salvador en el momento de su suprema tristeza. El Redentor había pasado noches enteras orando por sus discípulos, para que su fe no faltase. Si Jesús hubiese dirigido a Santiago y a Juan la pregunta que les había dirigido una vez: "¿Podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?" no se habrían atrevido a contestar: "Podemos." (Mateo 20: 22)
Los discípulos se despertaron al oír la voz de Jesús, pero casi no le conocieron, tan cambiado por la angustia había quedado su rostro. Dirigiéndose a Pedro, Jesús dijo: "¡Simón! ¿duermes tú? ¿no has podido velar una sola hora? Velad, y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está pronto, mas la carne es débil." La debilidad de sus discípulos despertó la simpatía de Jesús.
Temió que no pudiesen soportar la prueba que iba a sobrevenirles en la hora de su entrega y muerte. No los reprendió, sino dijo: "Velad, y orad, para que no entréis en tentación." Aun en su gran agonía, procuraba disculpar su debilidad. "El espíritu a la verdad está pronto —dijo,— mas la carne es débil."
El Hijo de Dios volvió a quedar presa de agonía sobre humana, y tambaleándose volvió agotado al lugar de su primera lucha. Su sufrimiento era aun mayor que antes.
Al apoderarse de él la agonía del alma, "fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra." Los cipreses y las palmeras eran los testigos silenciosos de su angustia. De su follaje caía un pesado rocío sobre su cuerpo postrado, como si la naturaleza llorase sobre su Autor que luchaba a solas con las potestades de las tinieblas.
Poco tiempo antes, Jesús había estado de pie como un cedro poderoso, presintiendo la tormenta de oposición que agotaba su furia contra él. Voluntades tercas y corazones llenos de malicia y sutileza habían procurado en vano confundirle y abrumarle. Se había erguido con divina majestad como el Hijo de Dios.
Ahora era como un junco azotado y doblegado por la tempestad airada. Se había acercado a la consumación de su obra como vencedor, habiendo ganado a cada paso la victoria sobre las potestades de las tinieblas. Como ya glorificado, había aseverado su unidad con Dios. En acentos firmes, había elevado sus cantos de alabanza. Había dirigido a sus discípulos palabras de estimulo y ternura. Pero ya había llegado la hora de la potestad de las tinieblas. Su voz se oía en el tranquilo aire nocturno, no en tonos de triunfo, sino impregnada de angustia humana. Estas palabras del Salvador llegaban a los oídos de los soñolientos discípulos: "Padre mío, si no puede este vaso pasar de mi sin que yo lo beba, hágase tu voluntad."
El primer impulso de los discípulos fue ir hacia él; pero les había invitado a quedarse allí velando y orando.
Cuando Jesús vino a ellos, los halló otra vez dormidos. Otra vez había sentido un anhelo de compañía, de oír de sus discípulos algunas palabras que le aliviasen y quebrantasen el ensalmo de las tinieblas que casi le dominaban. Pero "los dos de ellos estaban cargados; y no sabían qué responderle." Su presencia los despertó. Vieron su rostro surcado por el sangriento sudor de la agonía, y se llenaron de temor. No podían comprender su angustia mental. "Tan desfigurado, era su aspecto más que el de cualquier hombre, y su forma más que la de los hijos de Adán." (Isaías 52: 14) Apartándose, Jesús volvió a su lugar de retiro y cayó postrado, vencido por el horror de una gran obscuridad. La humanidad del Hijo de Dios temblaba en esa hora penosa.
Oraba ahora no por sus discípulos, para que su fe no faltase, sino por su propia alma tentada y agonizante.
Había llegado el momento pavoroso, el momento que había de decidir el destino del mundo. La suerte de la humanidad pendía de un hilo. Cristo podía aun ahora negarse a beber la copa destinada al hombre culpable.
Todavía no era demasiado tarde. Podía enjugar el sangriento sudor de su frente y dejar que el hombre pereciese en su iniquidad. Podía decir: Reciba el transgresor la penalidad de su pecado, y yo volveré a mi Padre. ¿Beberá el Hijo de Dios la amarga copa de la humillación y la agonía? ¿Sufrirá el inocente las consecuencias de la maldición del pecado, para salvar a los culpables? Las palabras caen temblorosamente de los pálidos labios de Jesús: "Padre mío, si no puede este vaso pasar de mi sin que yo lo beba, hágase tu voluntad."
Tres veces repitió esta oración. Tres veces rehuyó su humanidad el último y culminante sacrificio, pero ahora surge delante del Redentor del mundo la historia de la familia humana. Ve que los transgresores de la ley, abandonados a si mismos, tendrían que perecer. Ve la impotencia del hombre. Ve el poder del pecado. Los ayes y lamentos de un mundo condenado surgen delante de él.
Contempla la suerte que le tocarla, y su decisión queda hecha. Salvará al hombre, sea cual fuere el costo. Acepta su bautismo de sangre, a fin de que por él los millones que perecen puedan obtener vida eterna. Dejó los atrios celestiales, donde todo es pureza, felicidad y gloria, para salvar a la oveja perdida, al mundo que cayó por la transgresión. Y no se apartará de su misión. Hará propiciación por una raza que quiso pecar. Su oración expresa ahora solamente sumisión: "Si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad."
Habiendo hecho la decisión, cayó moribundo al suelo del que se había levantado parcialmente. ¿Dónde estaban ahora sus discípulos, para poner tiernamente sus manos bajo la cabeza de su Maestro desmayado, y bañar esa frente desfigurada en verdad más que la de los hijos de los hombres? El Salvador piso solo el lagar, y no hubo nadie del pueblo con él.
Pero Dios sufrió con su Hijo. Los ángeles contemplaron la agonía del Salvador. Vieron a su Señor rodeado por las legiones de las fuerzas satánicas, y su naturaleza abrumada por un pavor misterioso que lo hacia
estremecerse. Hubo silencio en el cielo. Ningún arpa vibraba. Si los mortales hubiesen percibido el asombro de la hueste angélica mientras en silencioso pesar veía al Padre retirar sus rayos de luz, amor y gloria de su Hijo amado, comprenderían mejor cuán odioso es a su vista el pecado.
Los mundos que no habían caído y los ángeles celestiales habían mirado con intenso interés mientras el conflicto se acercaba a su fin. Satanás y su confederación del mal, las legiones de la apostasía, presenciaban atentamente esta gran crisis de la obra de redención. Las potestades del bien y del mal esperaban para ver qué respuesta recibirla la oración tres veces repetida por Cristo. Los ángeles habían anhelado llevar alivio al divino doliente, pero esto no podía ser. Ninguna vía de escape había para el Hijo de Dios. En esta terrible crisis, cuando todo estaba en juego, cuando la copa misteriosa temblaba en la mano del Doliente, los cielos se abrieron, una luz resplandeció de en medio de la tempestuosa obscuridad de esa hora crítica, y el poderoso ángel que está en la presencia de Dios ocupando el lugar del cual cayó Satanás, vino al lado de Cristo. No vino para quitar de su mano la copa, sino para fortalecerle a fin de que pudiese beberla, asegurado del amor de su Padre. Vino para dar poder al suplicante divino-humano. Le mostró los cielos abiertos y le habló de las almas que se salvarían como resultado de sus sufrimientos. Le aseguró que su Padre es mayor y más poderoso que Satanás, que su muerte ocasionaría la derrota completa de Satanás, y que el reino de este mundo sería dado a los santos del Altísimo. Le dijo que vería el trabajo de su alma y quedaría satisfecho, porque vería una multitud de seres humanos
salvados, eternamente salvos.
La agonía de Cristo no cesó, pero le abandonaron su depresión y desaliento. La tormenta no se había apaciguado, pero el que era su objeto fue fortalecido para soportar su furia. Salió de la prueba sereno y henchido de calma. Una paz celestial se leía en su rostro manchado de sangre. Había soportado lo que ningún ser humano hubiera podido soportar; porque había gustado los sufrimientos de la muerte por todos los hombres.
Los discípulos dormidos habían sido despertados repentinamente por la luz que rodeaba al Salvador. Vieron al ángel que se inclinaba sobre su Maestro postrado. Le vieron alzar la cabeza del Salvador contra su pecho y señalarle el cielo. Oyeron su voz, como la música más dulce, que pronunciaba palabras de consuelo y esperanza.
Los discípulos recordaron la escena transcurrida en el monte de la transfiguración. Recordaron la gloria que en el templo había circuido a Jesús y la voz de Dios que hablara desde la nube. Ahora esa misma gloria se volvía a revelar, y no sintieron ya temor por su Maestro. Estaba bajo el cuidado de Dios, y un ángel poderoso había sido enviado para protegerle. Nuevamente los discípulos cedieron, en su cansancio, al extraño estupor que los dominaba.
Nuevamente Jesús los encontró durmiendo. Mirándolos tristemente, dijo: "Dormid ya, y descansad:he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores."
Aun mientras decía estas palabras, oía los pasos de la turba que le buscaba, y añadió: "Levantaos, vamos: he aquí ha llegado el que me ha entregado."
No se veían en Jesús huellas de su reciente agonía cuando se dirigió al encuentro de su traidor.
Adelantándose a sus discípulos, dijo: "¿A quién buscáis?"
Contestaron: "A Jesús Nazareno." Jesús respondió: "Yo soy." Mientras estas palabras eran pronunciadas, el ángel que acababa de servir a Jesús, se puso entre él y la turba.
Una luz divina iluminó el rostro del Salvador, y le hizo sombra una figura como de paloma. En presencia de esta gloria divina, la turba homicida no pudo resistir un momento. Retrocedió tambaleándose. Sacerdotes, ancianos, soldados, y aún Judas, cayeron como muertos al suelo.
El ángel se retiró, y la luz se desvaneció. Jesús tuvo oportunidad de escapar, pero permaneció sereno y dueño de si. Permaneció en pie como un ser glorificado, en medio de esta banda endurecida, ahora postrada e inerme a sus pies. Los discípulos miraban, mudos de asombro y pavor.
Pero la escena cambió rápidamente. La turba se levantó. Los soldados romanos, los sacerdotes y judas se reunieron en derredor de Cristo. Parecían avergonzados de su debilidad, y temerosos de que se les escapase todavía, Volvió el Redentor a preguntar: "¿A quién buscáis?" Habían tenido pruebas de que el que estaba delante de ellos era el Hijo de Dios, pero no querían convencerse. A la pregunta: "¿A quién buscáis?" volvieron a contestar: "A Jesús Nazareno." El Salvador les dijo entonces: "Os he dicho que yo soy: pues si a mí buscáis, dejad ir a éstos," señalando a los discípulos. Sabía cuán débil era la fe de ellos, y trataba de escudarlos de la tentación y la prueba. Estaba listo para sacrificarse por
ellos.
El traidor Judas no se olvidó de la parte que debía desempeñar. Cuando entró la turba en el huerto, iba delante, seguido de cerca por el sumo sacerdote. Había dado una señal a los perseguidores de Jesús diciendo: "Al que yo besare, aquél es: prendedle." (Mateo 26: 48)
Ahora, fingiendo no tener parte con ellos, se acercó a Jesús, le tomó de la mano como un amigo familiar, diciendo: "Salve, Maestro," le besó repetidas veces, simulando llorar de simpatía por él en su peligro.
Jesús le dijo: "Amigo, ¿a qué vienes?" Su voz temblaba de pesar al añadir: "Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre?" Esta súplica debiera haber despertado la conciencia del traidor y conmovido su obstinado corazón; pero le habían abandonado la honra, la fidelidad y la ternura humana. Se mostró audaz y desafiador, sin disposición a enternecerse. Se había entregado a Satanás y no podía resistirle. Jesús no rechazó el beso del traidor.
La turba se envalentonó al ver a Judas tocar la persona de Aquel que había estado glorificado ante sus ojos tan poco tiempo antes. Se apoderó entonces de Jesús y procedió a atar aquellas preciosas manos que siempre se habían dedicado a hacer bien.
Los discípulos hablan pensado que su Maestro no se dejaría prender. Porque el mismo poder que había hecho caer como muertos a esos hombres podía dominarlos hasta que Jesús y sus compañeros escapasen. Se quedaron chasqueados e indignados al ver sacar las cuerdas para atar las manos de Aquel a quien amaban.
En su ira, Pedro sacó impulsivamente su espada y trató de defender a su Maestro, pero no logró sino cortar una oreja del siervo del sumo sacerdote. Cuando Jesús vio lo que había hecho, libró sus manos, aunque eran sujetadas firmemente por los soldados romanos, y diciendo: "Dejad hasta aquí," tocó la oreja herida, Y ésta quedó inmediatamente sana. Dijo luego a Pedro: "Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomaren espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora
orar a mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles?" —una legión en lugar de cada uno de los discípulos— Pero los discípulos se preguntaban: ¿Oh, por qué no se salva a sí mismo y a nosotros? Contestando a su pensamiento inexpresado, añadió: "¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho?" "El vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?"
La dignidad oficial de los dirigentes judíos no les había impedido unirse al perseguimiento de Jesús. Su arresto era un asunto demasiado importante para confiarlo a subordinados; así que los astutos sacerdotes y ancianos se habían unido a la policía del templo y a la turba para seguir a Judas hasta Getsemaní. ¡Qué compañía para estos dignatarios: una turba ávida de excitación y armada con toda clase de instrumentos como para perseguir a una fiera!
Volviéndose a los sacerdotes y ancianos, Jesús fijó sobre ellos su mirada escrutadora. Mientras viviesen, no se olvidarían de las palabras que pronunciara. Eran como agudas saetas del Todopoderoso. Con dignidad dijo: Salisteis contra mí con espadas y palos como contra un ladrón. Día tras día estaba sentado enseñando en el templo. Tuvisteis toda oportunidad de echarme mano, y nada hicisteis. La noche se adapta mejor para vuestra obra. "Esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas."
Los discípulos quedaron aterrorizados al ver que Jesús permitía que se le prendiese y atase. Se ofendieron porque sufría esta humillación para si y para ellos. No podían comprender su conducta, y le inculpaban por someterse a la turba. En su indignación y temor, Pedro propuso que se salvasen a si mismos. Siguiendo esta sugestión, "todos los discípulos huyeron, dejándole." Pero Cristo había predicho esta deserción. "He aquí había dicho, la hora viene, y ha venido, que seréis esparcidos cada uno por su parte, y me dejaréis solo: mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo." (Juan 16: 32) [647]

Este capítulo está basado en Mateo 26: 36-56; Marcos 14: 32-50;
Lucas 22: 39-53; Juan 18: 1-12824
FUENTE:
EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES
Asociación Casa Editora Sudamericana
Av.San Martín 4555,B1604 CDG
Florida Oeste,Buenos Aires,Argentina
Teléfono (011) 4760-2426,Fax (011) 4760-0416.

IASD - EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES: TU REY VIENE

"ALÉGRATE mucho, hija de Sión; da voces de júbilo,hija de Jerusalem: he aquí, tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna." (Zacarías 9: 9)
Quinientos años antes del nacimiento de Cristo, el profeta Zacarías predijo así la venida del Rey de Israel.
Esta profecía se iba a cumplir ahora. El que siempre había rechazado los honores reales iba a entrar en Jerusalén como el prometido heredero del trono de David.
Fue en el primer día de la semana cuando Cristo hizo su entrada triunfal en Jerusalén. Las multitudes que se habían congregado para verle en Betania le acompañaban ansiosas de presenciar su recepción. Mucha gente que iba en camino a la ciudad para observar la Pascua se unió a la multitud que acompañaba a Jesús. Toda la naturaleza parecía regocijarse. Los árboles estaban vestidos de verdor y sus flores comunicaban delicada fragancia al aire.
Nueva vida y gozo animaban al pueblo. La esperanza del nuevo reino estaba resurgiendo.
Como quería entrar cabalgando en Jerusalén, Jesús había enviado a dos de sus discípulos para que le trajesen una asna y su pollino. Al tiempo de su nacimiento, el Salvador dependió de la hospitalidad de los extraños. pesebre en el cual yaciera era un lugar de descanso prestado.
Y ahora, aunque le pertenecían los millares de animales en los collados, dependía de la bondad de un extraño para conseguir un animal en el cual entrar en Jerusalén como su Rey. Pero de nuevo su divinidad se reveló, aun en las detalladas indicaciones dadas a sus discípulos respecto a su diligencia. Según lo predijo, la súplica: "El Señor los ha menester" fue atendida de buena gana. Jesús escogió para su uso un pollino sobre el cual nunca se había sentado nadie. Con alegre entusiasmo, los discípulos extendieron sus vestidos sobre la bestia y sentaron encima a su Maestro. En ocasiones anteriores, Jesús había viajado siempre a pie, y los discípulos se extrañaban al principio de que decidiese ahora ir cabalgando. Pero la esperanza nació en sus corazones al pensar gozosos que estaba por entrar en la capital para proclamarse rey y hacer valer su autoridad real. Mientras cumplían su diligencia, comunicaron sus brillantes esperanzas a los amigos de Jesús y, despertando hasta lo sumo la expectativa del pueblo, la excitación se extendió lejos y cerca.
Cristo seguía la costumbre de los judíos en cuanto a una entrada real. El animal en el cual cabalgaba era el que montaban los reyes de Israel, y la profecía había predicho que así vendría el Mesías a su reino. No bien se hubo sentado sobre el pollino cuando una algazara de triunfo hendió el aire. La multitud le aclamó como Mesías, como su Rey. Jesús aceptaba ahora el homenaje que nunca antes había permitido que se le rindiera, y los discípulos recibieron esto como una prueba de que se realizarían sus gozosas esperanzas y le verían establecerse en el trono.
La multitud estaba convencida de que la hora de su emancipación estaba cerca.
En su imaginación, veía a los ejércitos romanos expulsados de Jerusalén, y a Israel convertido una vez más en nación independiente. Todos estaban felices y alborozados; competían unos con otros por rendirle homenaje. No podían exhibir pompa y esplendor exteriores, pero le tributaban la adoración de corazones felices. Eran incapaces de; presentarle dones costosos, pero extendían sus mantos como alfombra en su camino, y esparcían también en él ramas de oliva y palmas. No podían encabezar la procesión triunfal con estandartes reales, pero esparcían palmas, emblema natural de victoria, y las agitaban en alto con sonoras aclamaciones y hosannas.
A medida que avanzaba, la multitud aumentaba continuamente con aquellos que habían oído de la venida de Jesús y se apresuraban a unirse a la procesión. Los espectadores se mezclaban continuamente con la muchedumbre, y preguntaban: ¿Quien es éste? ¿Qué significa toda esta conmoción? Todos habían oído hablar de Jesús y esperaban que fuese a Jerusalén; pero sabían que había desalentado hasta entonces todo esfuerzo que se hiciera para colocarle en el trono, y se asombraban grandemente al saber que realmente era él. Se maravillaban de que se hubiese producido este cambio en Aquel que había declarado que su reino no era de este mundo.
Esas voces son acalladas por un clamor de triunfo. Es muchas veces repetido por la ansiosa muchedumbre; es recogido por el pueblo a gran distancia, y repercute en las colinas y los valles circunvecinos. Y ahora la procesión es engrosada por las muchedumbres de Jerusalén. De las multitudes reunidas para asistir a la Pascua, miles salen para dar la bienvenida a Jesús. Le saludan agitando palmas y prorrumpiendo en cantos sagrados. Los sacerdotes hacen sonar en el templo la trompeta para el servicio de la tarde, pero pocos responden, y los gobernantes se dicen el uno al otro con alarma: "He aquí, el mundo se va tras de él."
Nunca antes en su vida terrenal había permitido Jesús una demostración semejante. Previó claramente el resultado. Le llevaría a la cruz. Pero era su propósito presentarse públicamente de esta manera como el Redentor. Deseaba llamar la atención al sacrificio que había de coronar su misión en favor de un mundo caído.
Mientras el pueblo estaba reunido en Jerusalén para celebrar la Pascua, él, el verdadero Cordero de Dios representado por los sacrificios simbólicos, se puso aparte como una oblación. Iba a ser necesario que su iglesia, en todos los siglos subsiguientes, hiciese de su muerte por los pecados del mundo un asunto de profunda meditación y estudio. Cada hecho relacionado con ella debía comprobarse fuera de toda duda. Era necesario, entonces, que los ojos de todo el pueblo se dirigieran ahora a él; los sucesos precedentes a su gran sacrificio debían ser tales que llamasen la atención al sacrificio mismo. Después de una demostración como la que acompañó a su entrada triunfal en Jerusalén, todos los ojos seguirían su rápido avance hacia la escena final.
Los sucesos relacionados con la cabalgata triunfal iban a ser el tema de cada lengua, y pondrían a Jesús en todo pensamiento. Después de su crucifixión, muchos recordarían estos sucesos en relación con su proceso y muerte. Serían inducidos a escudriñar las profecías y se convencerían de que Jesús era el Mesías; y en todos los países los conversos a la fe se multiplicarían.
En esta escena de triunfo de su vida terrenal, el Salvador pudiera haber aparecido escoltado por ángeles celestiales y anunciado por la trompeta de Dios; pero una demostración tal hubiera sido contraria al propósito de su misión, contraria a la ley que había gobernado su vida. El permaneció fiel a la humilde suerte que había aceptado. Debía llevar la carga de la humanidad hasta el momento de dar su vida por la del mundo.
Este día, que parecía a los discípulos el día culminante de su propia existencia, habría sido obscurecido con nubes muy tenebrosas si ellos hubiesen sabido que esta escena de regocijo no era sino un preludio de los sufrimientos y la muerte de su Señor. Aunque repetidas veces les había hablado de su seguro sacrificio, sin embargo, en el alegre triunfo presente, olvidaron sus tristes palabras, y miraron adelante a su próspero reinado sobre el trono de David.
Continuamente se unía más gente a la procesión y, con pocas excepciones, todos se contagiaban del entusiasmo de la hora, para acrecentar los hosannas que repercutían de colina en colina y de valle en valle. El clamor subía continuamente: "¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!"
Nunca antes había visto el mundo tal escena de triunfo.
No se parecía en nada a la de los famosos conquistadores de la tierra. Ningún séquito de afligidos cautivos la caracterizaba como trofeo del valor real. Pero alrededor del Salvador estaban los gloriosos trofeos de sus obras de amor por los pecadores. Los cautivos que él había rescatado del poder de Satanás alababan a Dios por su liberación. Los ciegos a quienes había restaurado la vista abrían la marcha.
Los mudos cuya lengua él había desatado voceaban las más sonoras alabanzas. Los cojos a quienes había sanado saltaban de gozo y eran los más activos en arrancar palmas para hacerlas ondear delante del Salvador. Las viudas y los huérfanos ensalzaban el nombre de Jesús por sus misericordiosas obras para con ellos. Los leprosos a quienes había limpiado extendían a su paso sus inmaculados vestidos y le saludaban Rey de gloria. Aquellos a quienes su voz había despertado del sueño de la muerte estaban en la multitud. Lázaro, cuyo cuerpo se había corrompido en el sepulcro, pero que ahora se gozaba en la fuerza de una gloriosa virilidad, guiaba a la bestia en la cual cabalgaba el Salvador.
Muchos fariseos eran testigos de la escena y, ardiendo de envidia y malicia, procuraron cambiar la corriente del sentimiento popular. Con toda su autoridad trataron de imponer silencio al pueblo; pero sus exhortaciones y amenazas no hacían sino acrecentar el entusiasmo.
Temían que esa multitud, por la fuerza del número, hiciera rey a Jesús. Como último recurso, se abrieron paso a través del gentío hasta donde estaba el Salvador, y se dirigieron a él con palabras de reprobación y amenazas:
"Maestro, reprende a tus discípulos." Declararon que tan ruidosa demostración era contraria a la ley, y que no sería permitida por las autoridades. Pero fueron reducidos al silencio por la respuesta de Jesús: "Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán." Tal escena de triunfo estaba determinada por Dios mismo. Había sido predicha por el profeta, y el hombre era incapaz de desviar el propósito de Dios. Si los hombres no hubiesen cumplido el plan de Dios, él habría dado voz a las piedras inanimadas y ellas habrían saludado a su Hijo con aclamaciones de alabanza. Cuando los fariseos, reducidos al silencio, se apartaron, miles de voces repitieron las palabras de Zacarías: "Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalem: he aquí, tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna." (Zacarías 9: 9)
Cuando la procesión llegó a la cresta de la colina y estaba por descender a la ciudad, Jesús se detuvo, y con él toda la multitud. Delante de él yacía Jerusalén en su gloria, bañada por la luz del sol poniente. El templo atraía todas las miradas. Al destacarse entre todo con majestuosa grandeza, parecía señalar hacia el cielo como si indicara al pueblo quién era el único Dios verdadero y viviente. El templo había sido durante mucho tiempo el orgullo y la gloria de la nación judía. Los romanos también se enorgullecían de su magnificencia. Un rey nombrado por los romanos había unido sus esfuerzos a los de los judíos para reedificarlo y embellecerlo, y el emperador de Roma lo había enriquecido con sus dones. Su solidez, riqueza y magnificencia lo habían convertido en una de las maravillas del mundo.
Mientras el sol poniente teñía de oro los cielos, iluminaba gloriosa y esplendentemente los mármoles de blancura inmaculada de las paredes del templo y hacía fulgurar los dorados capiteles de sus columnas.
Desde la colina en que andaban Jesús y sus seguidores, el templo ofrecía la apariencia de una maciza estructura de nieve, con pináculos de oro. A la entrada, había una vid de oro y plata, con hojas verdes y macizos racimos de uvas, ejecutada por los más hábiles artífices. Esta estructura representaba a Israel como una próspera vid. El oro, la plata y el verde vivo estaban combinados con raro gusto y exquisita hechura; al enroscarse graciosamente alrededor de las blancas y refulgentes columnas, adhiriéndose con brillantes zarcillos a sus dorados ornamentos, capturaba el esplendor del sol poniente y refulgía como con gloria prestada por el cielo.
Jesús contempla la escena y la vasta muchedumbre acalla sus gritos, encantada por la repentina visión de belleza. Todas las miradas se dirigen al Salvador, esperando ver en su rostro la admiración que sentían. Pero en vez de esto, observan una nube de tristeza. Se sorprenden y chasquean al ver sus ojos llenos de lágrimas, y su cuerpo estremeciéndose de la cabeza a los pies como un árbol ante la tempestad, mientras sus temblorosos labios prorrumpen en gemidos de angustia, como nacidos de las profundidades de un corazón quebrantado. ¡Qué cuadro ofrecía esto a los ángeles que observaban! !su amado Jefe angustiado hasta las lágrimas! ¡Qué cuadro era para la alegre multitud que con aclamaciones de triunfo y agitando palmas le escoltaba a la gloriosa ciudad, donde esperaba con anhelo que iba a reinar! Jesús había llorado junto a la tumba de Lázaro, pero era con tristeza divina por simpatía con el dolor humano. Pero esta súbita tristeza era como una nota de lamentación en un gran coro triunfal. En medio de una escena de regocijo, cuando todos estaban rindiéndole homenaje, el Rey de Israel lloraba; no silenciosas lágrimas de alegría, sino lágrimas acompañadas de gemidos de irreprimible agonía. La multitud fue herida de repentina lobreguez, sus aclamaciones fueron acalladas. Muchos lloraban por simpatía con un pesar que no comprendían.
Las lágrimas de Jesús no fueron derramadas porque presintiera su sufrimiento. Delante de él estaba el Getsemaní, donde pronto le envolvería el horror de una grande obscuridad. También estaba a la vista la puerta de las ovejas, por la cual habían sido llevados durante siglos los animales destinados a los sacrificios. Esta puerta pronto habría de abrirse para él, el gran Cordero de Dios, hacia cuyo sacrificio por los pecados del mundo habían señalado todas aquellas ofrendas. Estaba cerca el Calvario, el lugar de su inminente agonía. Sin embargo, no era por causa de estas señales de su muerte cruel por lo que el Redentor lloraba y gemía con espíritu angustiado.
Su tristeza no era egoísta. El pensamiento de su propia agonía no intimidaba a aquella alma noble y abnegada.
Era la visión de Jerusalén la que traspasaba el corazón de Jesús: Jerusalén, que había rechazado al Hijo de Dios y desdeñado su amor, que rehusaba ser convencida por sus poderosos milagros y que estaba por quitarle la vida. El vio lo que era ella bajo la culpabilidad de haber rechazado a su Redentor, y lo que hubiera podido ser si hubiese aceptado a Aquel que era el único que podía curar su herida. Había venido a salvarla; ¿cómo podía abandonarla? Israel había sido un pueblo favorecido; Dios había hecho del templo su habitación; era "de hermosa perspectiva, el gozo de toda la tierra." (Salmo 48 :2) Allí estaba la crónica de más de mil años de custodia protectora y tierno amor de Cristo, como de un padre que soporta a su hijo único. En aquel templo, los profetas habían proferido sus solemnes admoniciones. Allí se habían mecido los incensarios encendidos, de los que el incienso, mezclado con las oraciones de los adoradores, había ascendido a Dios. Allí había fluido la sangre de los animales, símbolo de la sangre de Cristo. Allí Jehová había manifestado su gloria sobre el propiciatorio. Allí los sacerdotes habían oficiado, y había continuado la pompa de los símbolos y las ceremonias durante siglos. Pero todo esto debía terminar.
Jesús levantó la mano —la mano que a menudo bendecía a los enfermos y dolientes,— y extendiéndola hacia la ciudad condenada, con palabras entrecortadas de pena exclamó : "¡Oh si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que toca a tu paz!" Aquí el Salvador se detuvo, y no expresó que hubiera podido ser la condición de Jerusalén si hubiese aceptado la ayuda que Dios deseaba darle: el don de su amado Hijo. Si Jerusalén hubiese conocido lo que era su privilegio conocer, y hecho caso de la luz que el Cielo le había enviado, podría haberse destacado en la gloria de la prosperidad, como reina de los reinos, libre en la fuerza del poder dado por su Dios. No habría habido soldados armados a sus puertas, ni banderas romanas flameando en sus muros. El glorioso destino que podría haber exaltado a Jerusalén si hubiese aceptado a su Redentor se presentó ante el Hijo de Dios. Vio que hubiera podido ser sanada por él de su grave enfermedad, librada de la servidumbre y establecida como poderosa metrópoli de la tierra. La paloma de la paz hubiera salido de sus muros rumbo a todas las naciones. Hubiera sido la gloriosa diadema del mundo.
Pero el brillante cuadro de lo que Jerusalén podría haber sido se desvanece de la vista del Salvador. El se da cuenta de que ahora está ella bajo el yugo romano, soportando el ceño de Dios, condenada a su juicio retributivo. Reanuda el hilo interrumpido de su lamentación: "Mas ahora está encubierto de tus ojos.
Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación."
Cristo vino a salvar a Jerusalén con sus hijos; pero el orgullo, la hipocresía, la malicia y el celo farisaico le habían impedido cumplir su propósito. Jesús conocía la terrible retribución que caería sobre la ciudad condenada. Vio a Jerusalén cercada de ejércitos, a sus sitiados habitantes
arrastrados al hambre y la muerte, a las madres alimentándose con los cuerpos muertos de sus propios hijos, y a los padres e hijos arrebatándose unos a otros el último bocado; vio los afectos naturales destruidos por las
angustias desgarradoras del hambre. Vio que la testarudez de los judíos, evidenciada por el rechazamiento de la salvación que él les ofrecía, los induciría también a rehusar someterse a los ejércitos invasores. Contempló el Calvario, sobre el cual él había de ser levantado, cuajado de cruces como un bosque de árboles. Vio a sus desventurados habitantes sufriendo torturas sobre el potro y crucificados, los hermosos palacios destruidos, el templo en ruinas, y de sus macizas murallas ni una piedra sobre otra, mientras la ciudad era arada como un campo. Bien podía el Salvador llorar de agonía con esa espantosa escena a la vista.
Jerusalén había sido la hija de su cuidado, y como un padre tierno se lamenta sobre un hijo descarriado, así Jesús lloró sobre la ciudad amada. ¿Cómo puedo abandonarte? ¿Cómo puedo verte condenada a la destrucción? ¿Puedo permitirte colmar la copa de tu iniquidad? Un alma es de tanto valor que, en comparación con ella, los mundos se reducen a la insignificancia; pero ahí estaba por perderse una nación entera. Cuando el sol ya en su ocaso desapareciera de la vista, el día de gracia de Jerusalén habría terminado. Mientras la procesión estaba detenida sobre la cresta del monte de las Olivas, no era todavía demasiado tarde para que Jerusalén se arrepintiese. El ángel de la misericordia estaba entonces
plegando sus alas para descender por los escalones del trono de oro a fin de dar lugar a la justicia y al juicio inminentes. Pero el gran corazón de amor de Cristo todavía intercedía por Jerusalén, que había despreciado
sus misericordias y amonestaciones, y que estaba por empapar sus manos en su sangre. Si quisiera solamente arrepentirse, no era aún demasiado tarde. Mientras los últimos rayos del sol poniente se demoraban sobre el templo, las torres y cúpulas, ¿no la guiaría algún ángel bueno al amor del Salvador y conjuraría su sentencia?
¡Hermosa e impía ciudad, que había apedreado a los profetas, que había rechazado al Hijo de Dios, que se sujetaba ella misma por su impenitencia en grillos de servidumbre: su día de misericordia casi había pasado!
Sin embargo, el Espíritu de Dios habla otra vez a Jerusalén. Antes de pasar el día, recibe Cristo otro testimonio cuya voz se levanta en respuesta al llamamiento de un pasado profético. Si Jerusalén quiere oír el llamamiento, si quiere recibir al Salvador que está entrando por sus puertas, puede salvarse todavía.
Los gobernantes de Jerusalén han recibido informes de que Jesús se aproxima a la ciudad con un gran concurso de gente. Pero no dan la bienvenida al Hijo de Dios. Salen con temor a su encuentro, esperando dispersar la multitud.
Cuando la procesión está por descender del monte de las Olivas, los gobernantes la interceptan. Inquieren la causa del tumultuoso regocijo. Cuando preguntan: "¿Quién es éste?" los discípulos, llenos de inspiración, contestan. En elocuentes acordes repiten las profecías concernientes a Cristo: Adán os dirá: Esta es la simiente de la mujer, que herirá la cabeza de la serpiente.
Preguntadle a Abrahán, quien os dirá: Es "Melquisedec, rey de Salem," (Génesis 14: 18) rey de paz. Jacob os dirá: Es Shiloh, de la tribu de Judá.
Isaías os dirá: "Emmanuel," "Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz." (Isaías 7: 14; 9: 6)
Jeremías os dirá: La rama de David, "Jehová, justicia nuestra." (Jeremías 23: 6) Daniel os dirá: Es el Mesías. Oseas os dirá: Es "Jehová" "Dios de los ejércitos: Jehová es su memorial." (Oseas 12: 6) Juan el Bautista os dirá: Es "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." (Juan 1: 29) El gran Jehová ha proclamado desde su trono:
"Este es mi Hijo amado." (Mateo 3: 17) Nosotros, sus discípulos, declaramos: Este es Jesús, el Mesías, el Príncipe de la vida, el Redentor del mundo. Y el príncipe de los poderes de las tinieblas lo reconoce, diciendo: "Sé quien eres, el Santo de Dios." (Marcos 1:24)
Este capítulo está basado en Mateo 21: 1-11; Marcos 11: 1-10;Lucas 19: 29-44; Juan 12: 12-19.676
FUENTE:
EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES
Asociación Casa Editora Sudamericana
Av.San Martín 4555,B1604 CDG
Florida Oeste,Buenos Aires,Argentina
Teléfono (011) 4760-2426,Fax (011) 4760-0416.

lunes 29 de marzo de 2010

CEUPS - FIGMMG: DIA MUNDIAL DE LA TIERRA 2010

UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS

DECANA DE AMERICA - 459 ANIVERSARIO

FACULTAD DE INGENIERIA GEOLOGICA, MINERA, METALURGICA Y GEOGRAFICA

CENTRO DE EXTENSION UNIVERSITARIA Y PROYECCION SOCIAL
(CEUPS – FIGMMG – UNMSM)

CICLO DE CONFERENCIAS:

DIA MUNDIAL DE LA TIERRA 2010”
ABRIL 22, 2010
40th Anniversary of Earth Day

TEMARIO:

1.-EDUCACION AMBIENTAL
09:00 - 09:30 RED DE EDUCACION AMBIENTAL ( Blga Indra Rodriguez Bantache)
09:30 - 10:00 CIENCIA JOVEN ( Dr. Atilio Buendia)
10:00 - 10:30 MINISTERIO DE LA MUJER (Lic. Arturo Ojeda)
2.-PARTICIPACION CIUDADANA

10:30 - 11:00 DISTRITO DE LACABAMBA ( Lic. Dora Valencia Pereda)
11:00 - 11:30 ONG ALTERNATIVA ( Lic. Carmen de la Vega Razuri)
11:30 - 12:00 MINISTERIO DE VIVIENDA (Ing. Adrian Fernando Neyra Palomino)
3.-DESASTRES NATURALES Y ANTROPICOS

12:00 - 12:30 INDECI ( Gral. Luis Palomino)
12:30 - 13:00 ADRA - PERU ( Ing. Santos Guerrero Zárate)
13:00 - 13:30 MINISTERIO DE LA VIVIENDA (Ing.José Luis Tejeda Praelli)

4.-DESARROLLO LOCAL Y REGIONAL
13:30 - 14:00 CEUPS CIENCIAS SOCIALES ( Lic. Norma Verastegui)
14:00 - 14:30 GOBIERNO REGIONAL DEL CALLAO ( Dra. Rosa Mercedes Picón Silva)
5.-CAMBIOS CLIMATICOS LOCALES Y GLOBALES

14:30 - 15:00 FUNDACION SAN MARCOS ( Dra Elizabeth Canales Aybar)
15:00 - 15:30 INSTITUTO ANDINO AMAZONICO (Dr. Valentin Bartra Avenzur)
15:30 - 16:00 RED CAN - LA - NODO PERU (Dr Valentin Bartra Avenzur)
6.-GESTION AMBIENTAL LOCAL Y REGIONAL
16:00 - 16:30 RAMP - PERU ( Lic. Monica Vásquez del Solar)
16:30 - 17:00 MUNICIPALIDAD DE COMAS ( Alcalde Miguel Saldaña Reategui)
7.-RESPONSABILIDAD SOCIAL Y EMPRESARIAL
17:00 - 17:30 GOBIERNO REGIONAL DE LIMA ( Ing. Milagros Coral Podesta)
17:30 - 18:00 CEUPS - FIGMMG ( Ing. Honorio Campoblanco)
8.-PROYECTOS AMBIENTALES Y COMUNITARIOS
18:00 - 18:30 MUSEO DE HISTORIA NATURAL - UNMSM ( Dra Betty Millán)
18:30 - 19:00 CEUPS - UNMSM (Ing. Helga Valdivia Fernández)
9.-BIODIVERSIDAD NACIONAL

19:00 - 19:30 MINISTERIO DE EDUCACION ( Lic. Alicia Tello)
10.-PANEL CONVERSATORIO
(UNMSM, INDECI, CANLA,GOBIERNO REGIONAL DE LIMA, GOBIERNO REGIONAL DEL
CALLAO,EL COMERCIO, MINEDU)
PARTICIPAN:
COLEGIOS, UNIVERSIDADES, SOCIEDAD CIVIL, GOBIERNO, INSTITUCIONES Y EMPRESAS
DIRIGIDO A: ESTUDIANTES, UNIVERSITARIOS, MAESTRISTAS, CONSULTORES, EMPRESARIOS, FUNCIONARIOS Y PUBLICO EN GENERAL
Horario: 9:00 a.m A 8:00 p.m
Lugar: Auditorio de la Facultad de Odontología
UNMSM - Puerta N°4 (Av. AMEZAGA)

¡ INGRESO LIBRE !
Informes en:
CENTRO DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA Y PROYECCION SOCIAL FIGMMG - UNMSM
Teléfono:
619700 – 1102
http://www.unmsm.edu.pe/?a=mas&tab=3&tipo=evento&id=2226
email: dloverad@unmsm.edu.pe
decanogmmg@unmsm.edu.pe

ORGANIZAN: Earth Day Network’s / CEUPS – FIGMMG / IIGEO - FIGMMG

TV NUEVO TIEMPO: Espacio Musical

La mejor selección de música gospel latina e internacional, además de los temas más pedidos.
Un encuentro joven imperdible.
Conduce: Karina do Canto
Tv NuevoTiempo, ofrece un programa dedicado a los jóvenes que les gusta la música, con clipes nacionales e internacionales.
Música que eleva el espíritu, los temas mas solicitados, y una selección variada de música gospel, en inglés, español y portugués.
Entrevistas con los cantantes, música en vivo y participe votando por sus clips favoritos.
Queremos saber sus sugerencias musicales: correomusical@nuevotiempo.org ó ingrese a nuestro facebook de Espacio Musical.
Miércoles en vivo:16:00 Bs As/ 15:00Sant./ 13:00 México
Viernes - Reprisa 21:00 Bs.As. / 20:00 Sant. / 18:00 Mex.
Links Principales:
www.altavoz.cl - información de eventos y presentaciones musicales
www.faithfirst.net- home cuarteto americano muy reconocido
www.heritagesingers.com - Home grupo americanowww.nuevotiempo.cl - link de Nuevo Tiempo Chile, radio y tv, Mp3
www.bcm.cl - página con clips musicales disponibles
FUENTE:

sábado 27 de marzo de 2010

IASD: Poner Primero lo Primero

"Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia" (Mat. 6:33).
Anteriormente en este libro, comenté que había remodelado recientemente nuestra sala y comedor. No compartí todos los detalles. Permítanme comenzar diciendo que me gusta hacer yo mismo las cosas y, si no puedo hacer cierta reparación, no vacilo en pedir a mi hijo menor, que vive cerca, que me dé una mano.Habíamos vivido en nuestra casa por 25 años, de modo que hacía falta mejorar algunas cosas.
El plan era que mi hijo instalaría un piso imitación madera; ese piso que parece madera pero aguanta como el hierro. Luego pondríamos nuevos zócalos, y una capa nueva de pintura sería el toque final.
Para comenzar el proceso, sacamos la mesa del comedor y el armario de loza, y yo comencé a quitar los cuadros de las paredes. [De paso, el tipo de construcción en la zona es de un esqueleto de madera, y paneles de placas de madera terciada o similares a ambos lados. (Nota del autor)]. En el proceso, descubrí una serie de huellas carcomidas sobre la parte posterior de uno de los cuadros que acababa de retirar.
Una inspección de la pared reveló una cantidad de agujeritos donde había estado colgado el cuadro. Ya lo adivinaron: termitas.Inmediatamente llamé a la compañía exterminadora. (Vale la pena tener cerca una de esas compañías cuando vives en el Estado de Florida). Vinieron a la casa e inspeccionaron la pared. Afortunadamente, no encontraron actividad actual; la colonia debió haberse mudado a otro lugar, con mejores "pastos" ... o cuadros más sabrosos. El exterminador hizo algunas pequeñas perforaciones a lo largo del zócalo y bombeó veneno en el espacio interior de las paredes, por si acaso. Fin del problema.
Tal vez estoy dando una vuelta grande, pero el punto es que, cuando descubrimos el daño hecho por las termitas, el resto de nuestros planes se paralizó totalmente. Cuando descubrimos que las termitas están en las paredes, no cubrimos las paredes con otra capa de pintura. Espero que ya hayan notado la similitud que hay entre las acciones que tomamos cuando encontramos el daño hecho por las termitas y el título de este capítulo, que es el último de este libro.¿Ha realizado alguna vez una presentación a un grupo de adolescentes? ¡Qué experiencia maravillosa y desafiante! Hace unos pocos años, estaba dirigiendo una semana de oración en una iglesia, y me invitaron a hablar a los jóvenes de una escuela secundaria local durante la hora de Cultura General. Hablar a adolescentes es un verdadero desafío. Me pregunté de qué podría hablarles, que despertara su interés. No siempre es fácil mantener la atención de estos jovencitos cuando se habla de cosas espirituales.Tuve una idea que me pareció que podría ser apropiada; así que, cuando me levanté para hablar, anuncié que les iba a dictar tres breves seminarios. Ya que la gente de negocios gasta grandes sumas de dinero para asistir a seminarios en que aprenden a ganar más dinero, yo les daría un seminario gratuito acerca de cómo perder dinero. Nunca habían oído hablar de esto, de modo que obtuve de inmediato su atención. Tal vez usted esté interesado, también, en conocer algo de esto. Después de todo, nunca somos demasiado viejos para aprender cosas nuevas.
Comencé mi primer seminario señalando que una manera de perder dinero es descuidándolo. Tarde o temprano, la inflación erosionará su valor. Pon tu dinero bajo el colchón, y el año que viene valdrá menos. Una vez, tuve un billete sudamericano que había valido 37 mil dólares hacía solo siete años atrás, antes de que la moneda se devaluara. Sin embargo, cuando yo lo conseguí, valía solo tres centavos de dólar.
Otra manera de perder dinero es abandonarlo: el que lo encuentra lo guarda; y el que lo perdió, llora. Deje el dinero por allí, y pronto desaparecerá.Una tercera manera de perder dinero es, sencillamente, malgastarlo. Fin del seminario número uno. todo el tiempo los adolescentes habían escuchado cuidadosamente.
Luego, anuncié mi segundo seminario gratuito sobre cómo perder a una amiga especial. De más está decir que todos se sentaron derechos para escuchar este seminario. Se puede perder a una amiga especial, les dije, de la misma manera en que pierdes el dinero: descuidarla, abandonarla o ser infiel a ella. Fin del seminario número dos.A esta altura estaban conmigo, y parecían ansiosos de escuchar de qué trataba el tercer seminario. El último seminario, les dije, era cómo perder a Jesús como amigo. Por supuesto, enumeré las mismas maneras que para perder su dinero o su amiga especial: descuido, abandono, infidelidad... Fin del seminario tercero.
La hora de Cultura General había terminado, y yo estaba satisfecho. La charla había sido buena.
Lo que realmente importa
El sábado siguiente, mientras caminaba por el vestíbulo de la iglesia, el director de la división de Jóvenes me preguntó si me molestaría hablar a los jóvenes otra vez. Cuando entré a la sala de la Escuela Sabática, les pregunté si me recordaban.-Sí -me contestaron-, usted hablo en la reunión de Cultura General el lunes pasado. (Un punto para mí).-¿Recuerdan de qué les hablé?-Sí -respondieron-, nos habló de cómo perder dinero (Otro punto para mí).-¿Cómo es eso? -pregunté.-Uno lo descuida, lo abandona o lo desperdicia -respondieron (Ya van tres puntos para mí. Ya empezaba a pensar que debería haber estado en Ministerio Joven).-¿Acerca de qué más hablé?-Nos dijo cómo perder a una amiga especial (Cuatro puntos).-¿Y cómo es eso?-De la misma manera (Cinco puntos).-¿De qué más hablé?
Silencio en la sala.-¡Vamos! -les rogué-. Ese era el punto principal de mi charla.El silencio continuó hasta que alguien dijo:-No lo recordamos.Nunca olvidaré mi experiencia de ese día en la división de jovencitos. Tal vez no aprendieron la lección, pero yo sí. Cuando les hablé acerca de perder dinero o a una amiga especial, recordaron todo. Pero, cuando hablé de Jesús, por algún motivo no recordaron nada. Lo que aprendí acerca de la naturaleza humana ese día es que las cosas que recordamos son aquellas importantes para nosotros; y demasiado a menudo estamos interesados en cualquier cosa o en todo, menos en las cosas que realmente importan.
Estudiar el fruto del Espíritu ha sido una experiencia que me cambió la vida. Es emocionante saber que no es lo que tengo (mi profesión, mis títulos universitarios, mi cuenta bancaria, mi ropa) sino lo que soy (mi carácter) lo que le importa a Jesús.
Jesús en mi corazón significa el fruto del Espíritu en mi vida. Me he dado cuenta de que, para tener el fruto del Espíritu, tengo que poner primero las cosas primeras. Recibir el fruto del Espíritu no es como escribir un título en la computadora y luego teclear Enter. Hay pasos que debemos seguir. Estos pasos no se generan solos; más bien, son el resultado de responder al Espíritu. Como aprendimos en el capítulo del control propio, recibir el fruto del Espíritu es una elección que asumimos. "Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2:13). "Escogeos hoy a quién sirváis [...] pero yo y mi casa serviremos a Jehová" (Jos. 24:15).
El primer paso

A fin de recibir el fruto del Espíritu, primero debemos arrepentirnos. Juan el Bautista pidió a los que venían a él que se arrepintieran y se bautizaran. "En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 3:1, 2).Jesús comenzó su ministerio con el mismo llamado: "Comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 4:17). A menudo hablamos de la necesidad de volver al Pentecostés.
Volver al Pentecostés es arrepentirse. En el primero Pentecostés, Pedro exhortó a los observadores asombrados: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hech. 2:38).La palabra arrepentirse no cae bien en el siglo XXI, porque implica responsabilidad. Existe una mentalidad que piensa que todo lo malo es falta de otra persona, generalmente los padres. La generación actual podría bien ser aquella a la que se refiere Proverbios: "Hay generación que maldice a su padre, y a su madre no bendice. Hay generación limpia en su propia opinión, si bien no se ha limpiado de su inmundicia" (Prov. 30:11, 12).La generación de que se habla en Proverbios parece pensar que cualquier cosa y todas ellas, y cualquiera, menos ellos mismos, puede ser responsable por lo que han hecho y lo que están haciendo. Mientras no pueden caber dudas de que muchos provienen de familias con serias fallas, el llamado a arrepentirse implica que lo que la gente es hoy es lo que han escogido ser; porque había otras opciones.El llamado al arrepentimiento es el llamado a un nuevo comienzo. El arrepentimiento es lo que usa la gracia para sanar las heridas que el pecado nos ha causado, ya sean pecados cometidos contra nosotros o pecados que hemos cometido. Una de las promesas más maravillosas en todas las Escrituras es la que dice: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9).
Una vida nueva
Una vida que manifiesta el fruto del Espíritu es una vida nueva, y no puede haber vida nueva mientras la antigua permanezca. Recuerde el antiguo dicho de que no se puede hacer un monedero de seda de una oreja de cerdo. "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios" (1 Cor. 6:10, 11).Eso es una advertencia fuerte, pero note el versículo que sigue. "Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios" (vers. 11; la cursiva fue añadida).Una noche, durante el momento de testimonios en un culto de reavivamiento que estaba dirigiendo, un hombre se puso de pie y dijo: "Yo solía ser un alcohólico, pero Jesús me dio libertad". El testimonio de Pablo es cierto. "Tales erais algunos de vosotros".Jesús le indicó a Nicodemo que debía nacer de nuevo (Juan 3:3). ¿Cómo se hace esto? Es, ciertamente, un milagro equiparable a la vida misma. Cuando nacimos de nuestras madres, comenzamos a vivir. Cuando Jesús habló de nacer de nuevo, quería decir que debíamos dejar atrás el pasado y comenzar una vida nueva. "Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Cor. 5:17).Usted habrá leído esta historia antes. Se encuentra en Mateo 6:25 al 34. Los discípulos debieron haber expresando preocupaciones por la clase de cosas que nos preocupan hoy, porque Jesús les recomendó que no se preocuparan por cuándo vendría su próxima comida o si podrían comprar la ropa que necesitaban. Les recordó que Dios provee para las plantas y los animales que él creó. "Así que no se aflijan", afirmó Jesús, "vuestro Padre celestial sabe lo que necesitan".El consejo de Jesús -realmente fue una orden- era que los discípulos no debían poner el énfasis en obtener comida o ropa. No es que esas cosas no tengan su importancia, pero es cuestión de poner primero las cosas primeras. Buscar el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás caerá en su lugar (Mat. 6:33).Los discípulos podrían haberse preguntado entre sí: "¿Qué quiere significar cuando dice que debemos buscar primero el Reino de Dios? ¿Qué es el Reino de Dios?"Romanos 14:17 responde esta pregunta. Dice: "El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo".Cuando leemos estos textos, nos damos cuenta de que tendemos a estar preocuparnos con exactamente lo que Jesús dijo que no debíamos preocuparnos. Lo que Jesús quería decir cuando habló de buscar primero el Reino de Dios es que lo más importante en nuestras vidas debería ser estar conectados con Jesús, que es la Vid. Entonces produciremos el fruto del Espíritu, evidencia de esa conexión.Anteriormente, aprendimos que el fruto del Espíritu llega a ser más visible cuando los tiempos son más difíciles. Esto significa que cuando ponemos primero las cosas primeras, sabremos por experiencia el significado del texto que dice: "A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Rom. 8:28). Buscar primero el fruto del Espíritu, entonces, es una situación de ganar o ganar porque, no importa lo que nos suceda, seguiremos creciendo.Se lo llama el fruto del Espíritu porque es el Espíritu Santo quien siembra las semillas del fruto en nuestros corazones. No podemos hacer que las semillas germinen, pero podemos estimular su crecimiento o matarlas. Tenemos que matar la planta intencionalmente, porque las plantas, en forma natural, procuran crecer. Esa es la forma en que Dios las hizo.Hablando de estimular el crecimiento del fruto del Espíritu, siento que debo tocar un área importante, aunque sensible. Un libro sobre el cultivo de frutales sería injusto si no señalara algunas de las peores pestes que podrían destruir el fruto. Es probablemente bueno que haya reservado esto para el último capítulo. He encontrado que los programas de televisión que muchos cristianos miran alimentan exactamente lo opuesto a todo lo que el Espíritu Santo está tratando de hacer en nuestras vidas. No hay nada que afecte el crecimiento del fruto del Espíritu en nuestra vida como la televisión. Yo no creo que necesitemos escribir una disertación doctoral para documentar el efecto que tiene la televisión sobre nuestra cultura, nuestra iglesia, nuestros hogares y nuestras vidas espirituales personales.Si nos saturamos con sexo simulado, mentiras, robos, asesinatos y todo lo demás, no destruirá del todo el fruto del Espíritu; dará como resultado el que lleguemos a ser "como metal que resuena, o címbalo que retiñe" (1 Cor. 13:1) o, dicho de otro modo, se tendrá "la apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella" (2 Tim. 3:5). El fruto del Espíritu no crecerá en un ambiente que es tan evidentemente contrario a los principios para los cuales ha sido dado.
No podemos tener ambas cosas
En uno de mis viajes de predicación, mi huésped me había llevado de regreso a mi habitación en el motel, para la noche. Yo no tenía nada que hacer durante una hora o dos, de modo que decidí mirar televisión. Miré un programa regular de un canal local. Cuando llegó la hora de ir a la cama, me arrodillé y comencé a orar.Por supuesto, siempre pido llegar a ser más semejantes a Jesús. Esta vez, sin embargo, después de haber dicho esas palabras, me detuve donde estaba y decidí que mi oración no solo era ridícula, sino también insultante. Aquí estaba yo, orando a fin de que pudiera tener al Espíritu Santo en mi vida, cuando durante las últimas horas había estado mirando programas que eran inconsistentes con lo que le estaba pidiendo que Dios hiciera en mi vida. ¿Cómo podría Jesús contestar mi oración?Me di cuenta esa noche de que no podía tener ambas cosas. ¿Qué haría con el texto que dice: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él" (1 Juan 2:15)? Y aún más al punto, era el texto: "¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios" (Sant. 4:4). Además, está lo que escribió Pablo: "Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad" (Fil. 4:8).Querido lector, si ponemos los programas de televisión que generalmente miramos junto al fruto del Espíritu, veremos que algo tendrá que irse. El texto: "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?" (2 Cor. 6:14) no se refiere solo a con quién debemos casarnos. Esa observación tiene que ver con muchas áreas de nuestra vida.Para enseñar la verdad eterna, Jesús contó historias de la vida real. Una de ellas es la parábola del sembrador (Mar. 4:3-20). en aquellos días, las semillas no eran sembradas en el terreno con grandes máquinas. Primero, se araba el suelo, y luego se esparcían las semillas, es decir, eran tiradas con la mano sobre el suelo. Entonces el área sembrada era rastrillada, de modo que la tierra cubriera las semillas. No es sorprendente que cuando se esparcían las semillas algunas cayeran en el camino, junto al campo. Algunas caían a los lados del campo, donde el suelo no se había preparado ni se había quitado las piedras. Algunas otras caían en lugares que no se habían plantado en años anteriores y se habían llenado de espinas. Pero, la mayor parte de la semilla caía en buena tierra, y de allí vendría la cosecha.No pretendo ser agricultor, pero tengo unos cajones en mi patio de atrás donde cultivo cebollas, lechuga, repollos y otras verduras. Las cultivo en los meses de invierno, porque el verano es demasiado caluroso y húmedo para esas plantas. Las malezas son un problema en los cajones de cultivo, igual que en los lugares donde se cultivan flores y en los campos. Si ha cultivado flores y verduras, ¡habrá notado que las malezas crecen fácilmente y requieren muy poco cuidado!Para cultivar bien el fruto del Espíritu, las malezas deben ser controladas continuamente. Como las espinas y los cardos, algunas malezas de la vida espiritual son fáciles de reconocer. Sin embargo, otras pueden ser como los dientes de león, que tienen flores amarillas hermosas y, no obstante, pueden arruinar un césped. Como las malezas, los cuidados de esta vida puede ahogar el fruto del Espíritu junto con cosas que nos impiden dar prioridad al Reino de Dios y su justicia.Como cualquier jardín, la vida espiritual ofrece dos desafíos. Uno es luchar contra las malezas, y el otro es nutrir el fruto. Alimentamos el fruto del Espíritu mediante nuestra vida devocional; eso es lo que mantiene el fruto del Espíritu en buen estado. Por medio de la oración, nos comunicamos con Dios, y por medio de su Palabra, él se comunica con nosotros. Sin la vida devocional, el fruto del Espíritu llega a estancarse, y luego los cuidados de la vida, sencillamente, lo ahogan.
Un llamado al altar
Hemos llegado al final del capítulo, y de este libro. Concluiré con un llamado al altar. Por supuesto, no es un llamado al altar en una iglesia, pero usted querrá ir a un lugar donde pueda estar solo con Dios mientras lee los siguientes párrafos.Lo invito, en primer término, a agradecer conmigo a Dios por su inestimable Don, Jesús. En los días antiguos, ir hacia el altar tenía relación con el arrepentimiento y nacer de nuevo. El arrepentimiento y el nuevo nacimiento no son cosas que hacemos una sola vez en la vida. Tenemos que experimentarlos cada día.Mi apelación a usted es que examine su corazón, y vea si hay espinas y cardos que ahoguen lo que Jesús quiere hacer por usted. Mire en su vida, y asegúrese de que realmente ha nacido de nuevo; es decir, que no está llevando equipaje del pasado. El propósito del evangelio es darnos un nuevo comienzo. Y después de que haya examinado su condición, ¿no querrá unirse conmigo para pedir a Dios que envíe a su Espíritu Santo con el fin de recordarnos poner primero las primeras cosas y hacer crecer cada día, continuamente, el fruto del Espíritu en nuestras vidas?Nuestro primer campo misionero es nuestro hogar y, desafortunadamente, es el lugar más difícil para ser cristiano. El enemigo está tratando de destruir nuestros hogares.
Pero, cuando viene el diablo como una inundación, la promesa es que Dios levantará bandera contra él. Esa bandera es la vida perfecta de Jesús, que en nuestras vidas es el fruto del Espíritu.El enemigo sigue tratando de dividir y traer confusión. El fruto del Espíritu en nuestras vidas apagará los fuegos de la discordia en nuestros hogares y en la iglesia. Es lo que somos -por medio del Espíritu Santo- lo que importa.
"Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén" (Heb. 13:20, 21).
FUENTE:
I Trimestre de 2010
Libro Complementario El fruto del Espíritu Santo
Capítulo 13
Poner primero lo primero
Richard W. O´Ffill

IASD - El Fruto del Espíritu: Esencia del Carácter Cristiano

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 6:33; Juan 15:8; Romanos 3:20-26; 14:17; 1 Timoteo 6:11; 1 Juan 2:15.

PARA MEMORIZAR:“A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).
CUANDO MOISÉS LE PIDIÓ a Dios que le mostrara su gloria, el Señor le reveló su carácter como misericordioso, piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad (Éxo. 34:6). Y así, “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, [nosotros] somos transformados de gloria [carácter] en gloria [carácter] en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Cor. 3:18).“Al creer en Cristo, la raza caída que él redimió puede obtener la fe que obra por el amor y que purifica el alma de toda impureza. Aparecen entonces los atributos que nos asemejan a Jesús: porque contemplándolo los hombres se transforman a su imagen de gloria en gloria, hasta adquirir su carácter. Se produce buen fruto. El carácter es modelado de acuerdo con la divina semejanza, y se manifiesta integridad, rectitud y verdadera benevolencia” (MeM 55).
1.-BUSCAD PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS
Muy a menudo nuestras oraciones son más acerca de lo que podemos obtener que acerca de lo que deberíamos llegar a ser. Piensa en tus propias oraciones o en las oraciones que oyes que otros pronuncian. No importa cuán legítimas sean las preocupaciones, ¿en qué categoría entrarían la mayoría de ellas: qué puedo obtener, o qué pudo llegar a ser? ¿Cómo entendemos esta tendencia a la luz de lo que Jesús nos dice, que está transcripto a continuación?
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:33).
¿Qué quiere decir Jesús cuando nos dice que busquemos “primeramente” el reino de Dios? ¿Por qué buscarlo primero? Ver Mat. 16:26.
¿Cómo nos ayuda Romanos 14:17 a entender lo que es el reino de Dios?
Nota que la justicia, la paz y el gozo son el fruto del Espíritu. Por lo tanto, debemos buscar el fruto del Espíritu antes que cualquier otra cosa. Al fin, podemos tener todo lo que el mundo ofrece, pero ¿qué significa eso si no tenemos justicia, paz y gozo? Si alguien te preguntara: “Pero ¿significa esto que Jesús no está interesado en mi bienestar físico o financiero?”, ¿cómo le contestarías a la luz del mandato de Cristo de poner el fruto del Espíritu antes que las necesidades físicas o materiales?
Una madre preocupada dijo: “Pastor, por favor, ore por mi hijo, ha dejado la fe y ha perdido su trabajo. Ore para que encuentre trabajo”. ¿Estaba esta madre preocupada buscando primero el reino de Dios y su justicia para su hijo? Recordando que la prioridad de la vida cristiana no es obtener, sino llegar a ser, ¿cuál debió haber sido su pedido en favor de su hijo?
¿Cuáles son tus preocupaciones principales como lo revelan no solo tus oraciones, sino tu vida en general: conseguir lo que deseas para ti o llegar a ser lo que Dios quiere que seas? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de tus prioridades?
2.-OTRO FRUTO DEL ESPÍRITU
Gálatas 5:22 y 23, y Efesios 5:9 no son los únicos textos que enumeran el fruto del Espíritu que constituye la esencia del carácter cristiano. Mucho del fruto está repetido en 1 Timoteo 6:11, 2 Timoteo 3:10, y 2 Pedro 1:5 al 7, donde se añaden cualidades tales como la piedad, la virtud, y el conocimiento. Es interesante notar que 1 Corintios 13:4 al 8 repite como un eco las cualidades del amor y afirma muchas de ellas usando la palabra negativa no: “no tiene envidia; [...] no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia”.
A esta altura debe ser claro que no hay una lista oficial del fruto del Espíritu. Hay muchos aspectos y matices diferentes del carácter cristiano. Lo que los apóstoles hacen en cada caso es enumerar los que son especialmente aplicables a sus lectores. Lo que condujo a Pablo a la enumeración en Gálatas fue sin duda su conocimiento pastoral de las necesidades específicas de la congregación a la que le estaba escribiendo.
El fruto de la “piedad” se menciona en 1 Timoteo 6:11. En el idioma original, la palabra piedad significaba reverencia, respeto y devoción a Dios. Romanos 5:4 y 5 menciona la cualidad de la “esperanza”. ¿Qué lugar ocupa la esperanza en el carácter cristiano? Cuando se ha dicho y hecho todo, nuestra fe cristiana no nos ofrece nada, sino la esperanza. Segunda de Pedro 1:5 al 7 es una lista de cualidades, entre las cuales está la “virtud”, que no se menciona en la lista de Gálatas 5:22 y 23. La virtud está asociada con la bondad moral, como la modestia y la pureza.¿Por qué es indispensable esta cualidad en la vida cristiana? ¿De qué modo se relaciona esta cualidad con el séptimo mandamiento? Segunda de Pedro 1:5 y 6 añade a la lista el “conocimiento”. Aunque la palabra que se usa, gnósis, significa conocimiento general y comprensión, como fruto de la vida llena del Espíritu, ¿qué lugar debe tener el conocimiento? ¿De qué modo se relaciona el conocimiento, por ejemplo, con el don del discernimiento? Pedro no llamó a su lista “fruto del Espíritu” en 2 Pedro 1:5 al 7, pero es esencialmente eso, porque revela qué clase de personas deberíamos ser como seguidores de Jesús.
¿Cuán bien se manifiestan estas características en tu propia vida? Si estás desanimado por lo que ves, ¿cuál es tu esperanza? ¿Cuál es el único lugar al que puedes huir, y qué puedes encontrar allí?
3.-PERSEVERANCIA EN LA FE
El análisis de ayer planteó la pregunta de cuán bien nos encontramos al cultivar el fruto que es nuestro privilegio llevar para honra y gloria de Dios. Sin duda, cuando uno mira todas esas cualidades de carácter, y luego se compara con ellas, es fácil desanimarse. Después de todo, ¿no deberíamos llevar más fruto del que llevamos?
Esta es una pregunta justa, en la que todos deberíamos pensar seriamente. "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe" (2 Cor. 13:5). Necesitamos hacer un inventario de nosotros mismos; de cómo estamos viviendo y de qué clase de testimonio presentamos al mundo.
Al mismo tiempo, podemos afrontar un peligro. Como cristianos tenemos el ejemplo de Jesús, el único ser humano sin pecado que alguna vez vivió. Al compararnos con él, cuán fácil podría ser desanimarnos. Cuán fácil es ver su ausencia de pecado y su perfección en contraste con nuestro carácter pecaminoso y nuestras debilidades.
Tenemos una norma perfecta que seguir, una ley perfecta que obedecer y un Salvador perfecto que imitar. Como todos sabemos, a menudo estamos lejos de alcanzar esa norma, esa ley y a ese Salvador. Cuán fácil puede ser, después de caer una y otra vez, después de no ver la clase de crecimiento que nos gustaría ver, desanimarnos hasta el punto de renunciar a todo, pensando: ¿Por qué molestarme, si no puedo hacerlo?No obstante, aquí es donde necesitamos comprender plenamente qué es la salvación por la fe. Aquí necesitamos comprender dónde reside nuestra salvación. Aquí necesitamos comprender lo que Jesús realizó por nosotros en la cruz.
Lee Romanos 3:20 al 26. ¿Qué mensaje hay allí acerca de la salvación? ¿Por qué es tan importante que nos aferremos a esta verdad, especialmente cuando nos sentimos desanimados acerca del estado de nuestro propio fruto?
4.-EL DESAFÍO DEL MUNDO
"No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él" (1 Juan 2:15). ¿Qué está diciendo este texto? ¿Significa que Dios no ama a los que aman al mundo, o que los que aman al mundo no aman a Dios? Explica tu respuesta.
"A veces su alma anhela la santidad y el cielo; pero no tienen tiempo para apartarse del ruido del mundo a fin de escuchar el lenguaje del Espíritu de Dios, que habla con majestad y con autoridad. Las cosas de la eternidad se convierten en secundarias y las cosas del mundo en supremas. Es imposible que la simiente de la palabra produzca fruto; pues la vida del alma se emplea en alimentar las espinas de la mundanalidad" (PVGM 32).
Aunque debemos ser conscientes de los peligros del legalismo, el antiguo Israel siempre apostató cuando trató de contemporizar y llegar a ser como las naciones que lo rodeaban. Primera de Juan 2:15 nos advierte que el amor al mundo hace imposible un amor de corazón hacia Dios.
Cuán cuidadosos necesitamos ser como iglesia en asegurarnos de que, en nuestros intentos por alcanzar al mundo, no nos enamoremos de él y seamos arrastrados por él, ¡todo en el nombre del Señor!
¿De qué modo puede una persona saber cuándo su amor por el mundo ha remplazado su amor hacia Dios? ¿Qué señales deberíamos buscar?
El peligro de amar al mundo más que a Dios adquiere nuevo significado en Santiago 4:4: "¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios". ¿Por qué usaría Santiago la metáfora del adulterio para los miembros de la iglesia que son arrastrados por el mundo? Nota, también, cómo Juan no deja lugar para las componendas en 1 Juan 2:15. Presenta una opción: Dios, o el mundo.
¿Con qué aspectos del mundo luchas mayormente? ¿Qué cosas encuentras atrayentes'¿Cómo puedes aprender a pelear la batalla de la fe y no ser arrastrado por algo que, al fin, no puede satisfacerte, sino que te destruirá?
No importa cuán fervientemente procuremos vivir la vida cristiana y pelear la batalla contra el pecado y el yo, mientras mantengamos delante de nosotros cada día, a cada momento, la realidad de que nuestra aceptación de parte de Dios se encuentra en Jesús y su justicia, la cual él obró por nosotros y nos acredita por fe, nunca nos daremos por vencidos. ¿Por qué lo haríamos? Nuestra salvación permanece segura, no en nosotros mismos, sino en Jesús.
5.-CÓMO CULTIVAR EL FRUTO DEL ESPÍRITU (Juan 15:8)
Aunque no podemos hacer crecer una semilla, hay cosas que definidamente podemos hacer para facilitar su crecimiento hasta que lleve fruto. Así es la vida llena del Espíritu. Mientras la obra del Espíritu Santo en el corazón del creyente es una parte del gran misterio de la vida misma, las Escrituras nos han dado instrucciones definidas sobre cómo estimular ese crecimiento, de modo que podamos cumplir el deseo de Jesús de que produzcamos mucho fruto para la gloria del Padre (Juan 15:8).
Lo que sigue a continuación son algunas maneras de estimular el crecimiento del fruto del Espíritu:El estudio de la Palabra de Dios. Lee 2 Timoteo 3:16. ¿Para qué son útiles las Escrituras? Como resultado, ¿qué se logrará en nuestras vidas? (Ver el vers. 17; ver también Sal. 119:105).
La oración. "La oración es el aliento del alma. Es el secreto del poder espiritual. No puede ser sustituida por ningún otro medio de gracia, y conservar, sin embargo, la salud del alma. La oración pone al corazón en inmediato contacto con la Fuente de la vida, y fortalece los tendones y músculos de la experiencia religiosa. Descuídese el ejercicio de la oración, u órese irregularmente de vez en cuando, según parezca propio, y se perderá la fortaleza de Dios. Las facultades espirituales perderán su vitalidad, la experiencia religiosa carecerá de salud y vigor" (OE 268).
La clase correcta de pensamientos. "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad" (Fil. 4:8). ¿Cómo podemos aprender a mantener nuestra mente con pensamientos elevados?La testificación cristiana. El hombre a quien Jesús sanó de los demonios le pidió ir con él. Jesús le negó el pedido y en cambio le pidió que volviera a donde había vivido y contara lo que el Señor había hecho por él (Mar. 5:18-20). ¿De qué modo el compartir nuestra fe contribuye al crecimiento del fruto del Espíritu en nuestras vidas?
El fruto del Espíritu no aparecerá por sí mismo. Tus propias elecciones determinarán tu destino. ¿Qué cambios necesitas hacer en tu estilo de vida, en tus asociaciones, y en todo lo que haces, que pueda permitir tu crecimiento espiritual?
6.-PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
"Dios manda que llenemos la mente con pensamientos grandes y puros. Desea que meditemos en su amor y misericordia, que estudiemos su obra maravillosa en el gran Plan de la Redención.
Entonces podremos comprender la verdad con claridad cada vez mayor, nuestro deseo de pureza de corazón y claridad de pensamiento será más elevado y más santo. El alma que mora en la atmósfera pura de los pensamientos santos, será transformada por la comunión con Dios por medio del estudio de las Escrituras."'Y llevan fruto'. Los que habiendo recibido la Palabra la guardan, darán frutos de obediencia.
La palabra de Dios, recibida en el alma, se manifestará en buenas obras. Sus resultados se verán en una vida y un carácter semejante al de Cristo. Jesús dijo de sí mismo: 'El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón' (Sal. 40:8). 'No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre' (Juan 5:30). Y la Escritura dice: 'El que dice que pertenece en él, debe andar como él anduvo' (1 Juan 2:6)" (PVGM 39, 40).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
Como iglesia, con la misión de esparcir el mensaje de los tres ángeles al mundo, a menudo luchamos para encontrar maneras de hacer que nuestro mensaje sea relevante para la cultura que nos rodea. ¿Qué peligros inherentes afrontamos cuando hacemos esto? La historia muestra que muy a menudo la iglesia, a lo largo de los siglos, termina convirtiéndose a los caminos del mundo, en vez de que el mundo se convierta a los caminos de la iglesia. ¿Qué diremos de nosotros, como adventistas? ¿Nos engañamos a nosotros mismos al pensar que esto no nos ocurre a nosotros, o que no nos puede ocurrir? ¿Vemos evidencias a nuestro alrededor de que esto ya esté sucediendo? Y si es así, ¿qué podemos hacer?
En el siglo XXI, en tu propia cultura, ¿cuáles son algunos de los desafíos más grandes para cultivar el fruto del Espíritu?
¿Contra qué aspectos específicos de la cultura tienes que batallar resueltamente?
¿Por qué la cruz es tan central para todo el tema del fruto del Espíritu y del desarrollo del carácter?
¿Qué nos ofrece la cruz que es indispensable en el desarrollo del carácter? Después de todo, sin la cruz, ¿cuál sería el propósito mismo de llevar este fruto?
¿Por qué el desarrollo de nuestro carácter y las buenas obras dan gloria a Dios?
FUENTE:
Lección 13
El fruto del Espíritu: la esenciadel carácter cristiano

Alejandro Bullón: Mensajes Sobre la Pasión de Cristo

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FUENTE:
http://escuelasabatica.huaylla.com/videos-del-pr-alejandro-bullon/