sábado, 9 de julio de 2011

IASD: MISIONERO MUNDIAL - DE ALBOROTADOR A COLABORADOR - CAMERÚN - 09 de Julio 2011

MISIÓN ADVENTISTA - DIVISIÓN AFRICANA CENTRO-OCCIDENTAL
Me llamo Jean y soy de Senegal, un pequeño país en la costa occidental de África.
Cierto día, cuando tenía 15 años, vi que varias personas acomodaban unas bancas en la explanada de nuestra aldea. Le pregunté a un hombre qué sucedía y me dijo que algunas personas presentarían una serie de reuniones.
“Van a contar historias de Dios que jamás has escuchado —me dijo—. ¡No te lo pierdas!”
Sentí curiosidad por las reuniones, por que decidí asistir. El hombre tenía razón: escuché cosas maravillosas sobre Dios y Jesús. Entonces me di cuenta de que las reuniones estaban patrocinadas por los adventistas del séptimo día.
JÓVENES ALBOROTADORES
Recuerdo mi primer encuentro con los adventistas. Tenía 7 años, y mi familia vivía en otra aldea. Cierto día, mientras acompañaba a un grupo de muchachos mayores de la aldea, nos detuvimos en frente de un edificio que tenía un cartel que decía: “Iglesia Adventista del Séptimo Día”. No tenía idea de lo que significaba ser “adventista del séptimo día”.
Pensé que posiblemente la iglesia había sido construida en siete días. Mis amigos se pararon en la calle y se dispusieron a gritar insultos a las personas que entraban a la iglesia.
Yo decidí unirme a ellos. Varios años después estaba viviendo con mi tío para asistir a la escuela, y de pronto me di cuenta que estaba asistiendo a unas reuniones patrocinadas por la misma gente a los que había gritado insultos cuando era niño. Encontré que el mensaje adventista era convincente.
UNA FIRME DECISIÓN
Llegaron las vacaciones y regresé a casa para visitar a mis padres. Cierto día estaba sentado afuera, mientras observaba que unos jóvenes tocaban las puertas de las casas para invitar a las familias a unas reuniones. Cuando me vieron
sentado en el frente de la casa, también me invitaron a asistir. Se pueden imaginar mi sorpresa al enterarme que eran adventistas. Los jóvenes me invitaron a a sistir a unos estudios bíblicos, y decidí ir con ellos. Asistí a todas las reuniones y, después que las reuniones de evangelización llegaron a su fin, seguí estudiando la Biblia con mis nuevos amigos adventistas. Me di cuenta de que esa personas, a las que había insultado cuando era niño, eran el pueblo especial de Dios. Rendí mi vida a Cristo y pedí ser bautizado.
Mi madre se molestó porque me había unido a una iglesia diferente a la de la familia. Y mis amigos —los mismos que habían molestado a los adventistas conmigo de niños— me dijeron que estaba loco. Pero había tomado la decisión. Estaba decidido a seguir a Cristo y ser bautizado, aún después de que uno de los muchachos que se preparaba para el bautismo cambió de opinión cuando sus padres lo amenazaron con matarlo si se unía a la Iglesia Adventista
UNA FE RECOMPENSADA
Terminaron las vacaciones y regresé a la casa de mi tío para comenzar otro semestre de estudios. Pero cuando me negué a asistir a las clases los sábdos, el director de la escuela me expulsó. Me preocupaba el hecho de no saber qué hacer para continuar recibiendo mi educación.
Cuando los miembros de la iglesia adventista del pueblo se dieron cuenta de mi situación, juntaron dinero para mandarme a la escuela secundaria adventista. Me emocioné al continuar mis estudios en una institución en la cual el sábado nunca sería un problema. Terminé mis estudios secundarios y decidí estudiar enfermería. Había visto un anuncio de una nueva universidad adventsta llamada Cosendai, que se había inaugurado en Camerú.
Decidí llenar una solicitud de ingreso, aunque fuera lejos de mi hogar en Senegal. Comencé a hacer planes. Calculé que me llevaría unos diez días el viaje en autobús para llegar a la escuela, pero decidí ir.
Nuevamente los miembros de la iglesia se enteraron de mi decisión y me dieron todo su apoyo y ánimo para que fuera a esta nueva institución. Entonces, un hermano de iglesia me compró un boleto de avión para que en unas horas volara a Camerún en vez de viajar en autobús durante casi dos semanas y por diferentes países.
HORA DE DEVOLVERLE A DIOS
En la actualidad estudio en la Universidad Adventista de Cosendai. Es un sacrificio, porque no puedo ver a mi familia. Pero mi iglesia me está ayudando con los medios para cubrir los costos del estudio. Espero con ansias regresar a Senegal y trabajar como enfermero en la clínica adventista de mi aldea. Quiero servir a Dios y a mi comunidad, así como lo hizo Jesús.
Esta universidad es nueva, y los alumnos comparten las aulas con una escuela secundaria.
Parte de las ofrendas para este décimotercer sábado ayudarán a edificar un laboratorio médico, donde los alumnos de enfermería y de tecnología médica puedan recibir instrucción práctica en sus respectivas disciplinas. Gracias por colaborar para que los jóvenes del África avancen en sus estudios para servir a Dios.
FUENTE:
IASD - ESCUELA SABATICA