Debemos salir de la aldea esta noche y dirigirnos hacia la frontera o será demasiado tarde! —les susurró Jay Lo, de 14 años, a sus amigos. La guerra había devastado a Laos, su tierra natal. Su padre había muerto en la guerra y su hermano estaba prisionero en un campo de concentración por haber luchado contra los comunistas. Ahora el comunismo se había apoderado del país y Jay sabía que tendría que salir de Laos si quería vivir.
—Hay otros que desean unirse al grupo
—le dijeron sus amigos— ¡No podemos dejarlos atrás!
Bajo la protección de la oscuridad, 265 personas emprendieron un viaje de 17 días a Tailandia, pero sólo 96 llegaron a destino.
UNA NUEVA VIDA
La vida en el campamento para refugiados no era fácil. Jay no reunía los requisitos para recibir alimentos, por no tener a su familia en el campamento. No quiero morir de hambre, pensó el muchacho. A veces se escapaba del campamento para trabajar en alguna de las granjas, para poder comprar alimentos. Luego se enteró de que su tía vivía en otra sección del campamento. ¡Tenía una familia!
Su tío lo recibió como a un hijo, y le sugirió que formara parte del coro juvenil y que asistiera a los estudios bíblicos. Fue su primer contacto con los cristianos. Se dio cuenta de que eran diferentes de la mayoría de las personas que conocía.
Después de un tiempo, Jay y la familia de su tío se pudieron reubicar en los Estados Unidos. A él le dio mucho gusto, porque desaba continuar con sus estudios. Siguió estudiando la Biblia y, con el tiempo, le entregó su vida a Dios.
Jay estudió en un colegio cristiano, donde conoció a Paniya, una joven estudiante proveniente de la tribu Hmong, del sur de China.
Ambos deseaban presentar a Cristo en su pueblo natal. Sintieron que Dios los guiaba hacia una relación para toda la vida, así que finalmente contrajeron nupcias. Fueron de los primeros de su grupo étnico, los hmong, en recibir un título universitario.
DESPUÉS DE UNA TRAGEDIA, UN NUEVO PROPÓSITO
Los miembros de la familia que quedaron en Tailandia se habían convertido al cristianismo, y le pidieron a Jay que les enviara a alguien para que les enseñara la Biblia. Jay no pudo ir, pero envió a un primo que estudiaba en un seminario protestante. El joven llevó a cincuenta personas a los pies de Cristo antes de ser envenenado por alguien que resistía sus esfuerzos por llevar el mensaje a los hmong.
—Nos entristece la muerte de tu primo —le comento un amigo a Jay—. Deberías prepararte para tomar su lugar y seguir con el ministerio entre los hmong.
¿Cómo podría negarme? se preguntó Jay, mientras recordaba su deseo de llegar a ser un misionero en su propio pueblo. Así que se inscribió en el seminario y obtuvo un título en religión. Una iglesia protestante empleó a la pareja para entrenar como obreros bíblicos laicos en Estados Unidos y en Asia.
Jay se sentía frustrado al ver la traducción inadecuada de la Biblia en el idioma de los hmong. Mi pueblo necesita una mejor traducción de la Palabra de Dios, para verdaderamente aprender quién es Dios, pensó. Un estudio profundo de la Biblia le dejó una serie de dudas y preguntas, incluyendo algunas sobre el sábado. Acudió a uno de los oficiales de la iglesia en busca de respuestas, pero el dirigente le preguntó:
—¿Acaso cuestionas las enseñanzas de la iglesia? —No —contestó Jay—. Pero la Biblia enseña que si quebrantamos un mandamiento los quebrantamos a todos. Necesito comprender dónde se encuentra la verdad.
UNA CRISIS Y UNA BENDICIÓN
Poco tiempo después, Jay recibió una carta de la administración de su iglesia donde se le notificaba que ya no se necesitaban sus servicios como maestro y pastor. De repente Jay se quedó sin empleo. Durante meses, buscó trabajo. La familia perdió su hogar y la mayoría de sus pertenencias.
—¿Por qué Dios no contesta nuestras oraciones? —le preguntó a su esposa. En esos días, su primo le presentó a un pastor hmong llamado Ko. Jay se enteró de que el pastor Ko era adventista y que trabajaba en una ciudad cercana.
Jay le habló al pastor Ko sobre sus inquietudes sobre la Biblia y cómo había perdido su trabajo.
—Tienes razón —le contestó el pastor—. La Biblia dice que debemos guardar el sábado, y eso es precisamente lo que hacen los adventistas del séptimo día.
Jay sintió alegría de saber que había una iglesia que guardaba todos los mandamientos. Jay y Paniya estudiaron con el pastor Ko y descubrieron que sus preguntas tenían respuestas. Al poco tiempo, se convirtieron en adventistas del séptimo día.
UNA NUEVA MISIÓN
La Iglesia Adventista patrocinó sus estudios en el Seminario Teológico de la Universidad Andrews durante un año, a fin de que se preparara para un nuevo ministerio. Ahora está traduciendo la Biblia al hmong y ha terminado varios libros.
“Dios me ha bendecido mucho a través de su Palabra. Quiero que otros hmong puedan leer las buenas nuevas en su propio idioma, para que puedan tomar la decisión de seguirlo”.
Este trimestre, parte de nuestras ofrendas del décimotercer sábado ayudarán a expandir el trabajo de la iglesia entre docenas de grupos de refugiados por toda Norteamérica. Gracias por sus ofrendas para ayudar a alcanzar a esa gente para Cristo.
C Á P S U L A I N F O R M A T I V A :
Laos es un país sin litoral, en el sudeste de Asia, ubicado entre China, Vietnam, Camboya, Tailandia y Myanmar.
Los hmong son un pueblo tribal asiático que proviene de los países del sudeste de Asia. La mayoría de los aproximadamente diez millones de hmong adoran a sus ancestros y a los espíritus. Menos del diez por ciento son cristianos, la mayoría de los cuales viven como refugiados en Europa o en Norteamérica.
Después de la guerra de Vietnam, más de cien mil refugiados hmong que huyeron de sus países se establecieron en los Estados Unidos.
Podemos aprender más sobre la obra entre los hmong en los Estados Unidos en el DVD de Misión Adventista de este trimestre.
FUENTE:
IASD - ESCUELA SABATICA
http://www.adventistmission.org/
—Hay otros que desean unirse al grupo
—le dijeron sus amigos— ¡No podemos dejarlos atrás!
Bajo la protección de la oscuridad, 265 personas emprendieron un viaje de 17 días a Tailandia, pero sólo 96 llegaron a destino.
UNA NUEVA VIDA
La vida en el campamento para refugiados no era fácil. Jay no reunía los requisitos para recibir alimentos, por no tener a su familia en el campamento. No quiero morir de hambre, pensó el muchacho. A veces se escapaba del campamento para trabajar en alguna de las granjas, para poder comprar alimentos. Luego se enteró de que su tía vivía en otra sección del campamento. ¡Tenía una familia!
Su tío lo recibió como a un hijo, y le sugirió que formara parte del coro juvenil y que asistiera a los estudios bíblicos. Fue su primer contacto con los cristianos. Se dio cuenta de que eran diferentes de la mayoría de las personas que conocía.
Después de un tiempo, Jay y la familia de su tío se pudieron reubicar en los Estados Unidos. A él le dio mucho gusto, porque desaba continuar con sus estudios. Siguió estudiando la Biblia y, con el tiempo, le entregó su vida a Dios.
Jay estudió en un colegio cristiano, donde conoció a Paniya, una joven estudiante proveniente de la tribu Hmong, del sur de China.
Ambos deseaban presentar a Cristo en su pueblo natal. Sintieron que Dios los guiaba hacia una relación para toda la vida, así que finalmente contrajeron nupcias. Fueron de los primeros de su grupo étnico, los hmong, en recibir un título universitario.
DESPUÉS DE UNA TRAGEDIA, UN NUEVO PROPÓSITO
Los miembros de la familia que quedaron en Tailandia se habían convertido al cristianismo, y le pidieron a Jay que les enviara a alguien para que les enseñara la Biblia. Jay no pudo ir, pero envió a un primo que estudiaba en un seminario protestante. El joven llevó a cincuenta personas a los pies de Cristo antes de ser envenenado por alguien que resistía sus esfuerzos por llevar el mensaje a los hmong.
—Nos entristece la muerte de tu primo —le comento un amigo a Jay—. Deberías prepararte para tomar su lugar y seguir con el ministerio entre los hmong.
¿Cómo podría negarme? se preguntó Jay, mientras recordaba su deseo de llegar a ser un misionero en su propio pueblo. Así que se inscribió en el seminario y obtuvo un título en religión. Una iglesia protestante empleó a la pareja para entrenar como obreros bíblicos laicos en Estados Unidos y en Asia.
Jay se sentía frustrado al ver la traducción inadecuada de la Biblia en el idioma de los hmong. Mi pueblo necesita una mejor traducción de la Palabra de Dios, para verdaderamente aprender quién es Dios, pensó. Un estudio profundo de la Biblia le dejó una serie de dudas y preguntas, incluyendo algunas sobre el sábado. Acudió a uno de los oficiales de la iglesia en busca de respuestas, pero el dirigente le preguntó:
—¿Acaso cuestionas las enseñanzas de la iglesia? —No —contestó Jay—. Pero la Biblia enseña que si quebrantamos un mandamiento los quebrantamos a todos. Necesito comprender dónde se encuentra la verdad.
UNA CRISIS Y UNA BENDICIÓN
Poco tiempo después, Jay recibió una carta de la administración de su iglesia donde se le notificaba que ya no se necesitaban sus servicios como maestro y pastor. De repente Jay se quedó sin empleo. Durante meses, buscó trabajo. La familia perdió su hogar y la mayoría de sus pertenencias.
—¿Por qué Dios no contesta nuestras oraciones? —le preguntó a su esposa. En esos días, su primo le presentó a un pastor hmong llamado Ko. Jay se enteró de que el pastor Ko era adventista y que trabajaba en una ciudad cercana.
Jay le habló al pastor Ko sobre sus inquietudes sobre la Biblia y cómo había perdido su trabajo.
—Tienes razón —le contestó el pastor—. La Biblia dice que debemos guardar el sábado, y eso es precisamente lo que hacen los adventistas del séptimo día.
Jay sintió alegría de saber que había una iglesia que guardaba todos los mandamientos. Jay y Paniya estudiaron con el pastor Ko y descubrieron que sus preguntas tenían respuestas. Al poco tiempo, se convirtieron en adventistas del séptimo día.
UNA NUEVA MISIÓN
La Iglesia Adventista patrocinó sus estudios en el Seminario Teológico de la Universidad Andrews durante un año, a fin de que se preparara para un nuevo ministerio. Ahora está traduciendo la Biblia al hmong y ha terminado varios libros.
“Dios me ha bendecido mucho a través de su Palabra. Quiero que otros hmong puedan leer las buenas nuevas en su propio idioma, para que puedan tomar la decisión de seguirlo”.
Este trimestre, parte de nuestras ofrendas del décimotercer sábado ayudarán a expandir el trabajo de la iglesia entre docenas de grupos de refugiados por toda Norteamérica. Gracias por sus ofrendas para ayudar a alcanzar a esa gente para Cristo.
C Á P S U L A I N F O R M A T I V A :
Laos es un país sin litoral, en el sudeste de Asia, ubicado entre China, Vietnam, Camboya, Tailandia y Myanmar.
Los hmong son un pueblo tribal asiático que proviene de los países del sudeste de Asia. La mayoría de los aproximadamente diez millones de hmong adoran a sus ancestros y a los espíritus. Menos del diez por ciento son cristianos, la mayoría de los cuales viven como refugiados en Europa o en Norteamérica.
Después de la guerra de Vietnam, más de cien mil refugiados hmong que huyeron de sus países se establecieron en los Estados Unidos.
Podemos aprender más sobre la obra entre los hmong en los Estados Unidos en el DVD de Misión Adventista de este trimestre.
FUENTE:
IASD - ESCUELA SABATICA
http://www.adventistmission.org/